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21 septiembre, 2026
Ruta Turística Mujeres de Montaña, provincia de San Juan, Argentina

La Ruta Turística Mujeres de Montaña: once mujeres, un territorio y un circuito que promete cambiar la forma de conocer el Valle de Iglesia

En un rincón del noroeste de San Juan, donde el viento arma olas en un lago artificial y las termas brotan al pie de la cordillera, nació la Ruta Turística Mujeres de Montaña, una propuesta que promete reordenar la manera de recorrer uno de los valles más espectaculares de la Argentina. No se trata de un nuevo atractivo aislado, sino de algo más ambicioso: conectar en un mismo circuito la aventura, la gastronomía de altura, la artesanía y el paisaje que hasta ahora convivían dispersos por el departamento de Iglesia.

Hay valles que se recorren de memoria, siguiendo la ruta que marca el mapa turístico de siempre: llegar, ver el dique, tomarse la foto, seguir viaje. El Valle de Iglesia, en el extremo noroeste de San Juan, viene rompiendo esa lógica desde hace un tiempo, y la reciente presentación de la Ruta Turística Mujeres de Montaña —pensada para tejer una red de experiencias locales bajo un mismo circuito— apunta a profundizar ese cambio: pasar de la escapada rápida al recorrido con tiempo, con historia y con gente detrás de cada parada.

Un territorio que ya tenía todo para ser destino, menos un hilo conductor

El departamento de Iglesia es, desde hace años, uno de los más visitados de la provincia de San Juan, y no por casualidad. A 170 kilómetros de la capital provincial, el valle reúne en un radio relativamente corto algunos de los paisajes más contrastantes del oeste argentino. En Rodeo, la localidad cabecera, el imponente Embalse Cuesta del Viento se convirtió en meca mundial del windsurf y el kitesurf gracias a vientos que soplan con una regularidad envidiable para cualquier deportista náutico, sobre un espejo de agua de más de 13 kilómetros cuadrados rodeado de montañas de formas lunares. A pocos kilómetros, Pismanta ofrece aguas termales reconocidas internacionalmente por sus propiedades curativas, mientras que hacia el norte, sobre la Ruta Nacional 150, arranca el Parque Nacional San Guillermo, una de las reservas naturales más importantes del planeta para la conservación de guanacos, vicuñas, cóndores y zorros colorados en estado silvestre.

A eso se suman pueblos como Tudcum, Bella Vista y Las Flores, cada uno con una identidad propia, y reliquias como la Capilla de Achango, declarada Monumento Histórico Nacional. El problema, hasta ahora, no era la falta de atractivos: era la falta de un relato que los conectara y que le diera protagonismo a lo que sucede puertas adentro de cada pueblo, más allá del dique y las termas que ya todo el mundo conoce.

Una ruta pensada para completar el mapa, no para competir con él

Ahí es donde entra la Ruta Turística Mujeres de Montaña, presentada recientemente en la Estación San Martín de la ciudad de San Juan: un circuito que reúne experiencias, productos y servicios con identidad territorial, desarrollados por emprendimientos del propio departamento de Iglesia. La iniciativa no busca inventar un atractivo nuevo desde cero, sino algo más inteligente: darle forma de circuito a un capital que ya existía disperso entre distintas familias y proyectos productivos del valle, y ponerlo a dialogar con la oferta consolidada de la zona, empezando por el propio Dique Cuesta del Viento.

El objetivo declarado apunta en tres direcciones concretas. Primero, ordenar y fortalecer una oferta que hasta ahora dependía en gran medida del boca en boca, para que sea más fácil de encontrar y de reservar para quien llega de afuera. Segundo, ampliar el tipo de público que visita el valle, con una mirada puesta especialmente en grupos y familias que buscan algo más que un paseo de un día. Y tercero, incorporar una dinámica de trabajo en red entre los propios emprendimientos, de manera que la mejora de uno termine potenciando al resto del circuito en lugar de competir por la misma porción de visitantes.

Detrás de esa arquitectura hay un proceso que llevó tiempo: un grupo inicial bastante más numeroso pasó por instancias de formación y acompañamiento técnico, repensando modelos de negocio y buscando puntos de sinergia entre propuestas que, a simple vista, no tenían mucho en común entre sí. Con el correr de los meses, y por los motivos habituales de cualquier proceso de este tipo —cambios personales, laborales, de salud—, el grupo se fue consolidando hasta convertirse en el núcleo que hoy sostiene la Ruta Turística Mujeres de Montaña, después de haber probado el formato durante la temporada de verano 2025-2026 a modo de prueba piloto.

El acompañamiento que sostiene el proyecto a mediano plazo

Iniciativas como esta rara vez prosperan solo con buena voluntad. En este caso, el proceso contó con el acompañamiento de una organización con más de dos décadas de trabajo en el fortalecimiento de emprendedores rurales a través del turismo sostenible, que aportó capacitaciones, mentorías y seguimiento continuo a lo largo de todo el desarrollo. Ese tipo de respaldo técnico suele marcar la diferencia entre una presentación con buena repercusión de un día y un proyecto capaz de sostenerse temporada tras temporada, algo especialmente relevante en un territorio donde el turismo convive, cada vez con más peso, con la actividad minera como motor económico de la zona.

La Ruta Turística Mujeres de Montaña surgió, además, como una evolución de un programa más amplio de trabajo comunitario, lo que le da al circuito una base de organización colectiva poco habitual en la oferta turística del interior argentino: no son emprendimientos aislados que un día decidieron sumarse a un catálogo común, sino un grupo que construyó una manera de trabajar en conjunto antes incluso de pensar en la ruta como producto turístico.

Lo que esto significa para quien viaja

Para el visitante, la promesa concreta es simple de entender y, al mismo tiempo, poco frecuente en esta escala: poder combinar en un mismo viaje al Valle de Iglesia el ala más adrenalínica del turismo de aventura —windsurf y kitesurf en Cuesta del Viento, trekking, cabalgatas y escaladas entre montañas de formas erosionadas por el viento y el agua, parapente con la cordillera de fondo— con una experiencia mucho más íntima y menos explorada hasta ahora: la de sentarse a la mesa, comprar un producto o vivir una actividad diseñada por quienes efectivamente habitan ese paisaje todos los días del año, no solo en temporada alta.

Esa combinación es, en definitiva, la que empieza a diferenciar a los destinos que logran retener al viajero más de una noche de los que siguen funcionando como una parada fotográfica en el camino hacia otro lado. El Valle de Iglesia siempre tuvo el paisaje de sobra. Lo que estaba pendiente era el relato capaz de convertir ese paisaje en una experiencia completa, y la Ruta Turística Mujeres de Montaña parece ser, por ahora, el intento más organizado de lograrlo.

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