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21 septiembre, 2026
Beto Carrero World, Parque Temático, en Penha, Santa Catarina, Brasil.

Adrenalina o fantasía: la batalla silenciosa entre parques de diversiones y parques temáticos que está redefiniendo las vacaciones familiares

Antes de reservar el próximo viaje familiar, hay una decisión que se volvió tan importante como elegir el destino: subirse a la montaña rusa más alta del continente o perderse durante todo un día en un universo temático con castillos, piratas y shows en vivo. Repasamos el origen de ambos formatos, sus diferencias reales y por qué Beto Carrero World, en el sur de Brasil, se convirtió en el ejemplo perfecto de que, a veces, no hace falta elegir.

Hay una escena que se repite en miles de familias cada temporada de vacaciones: alguien pide subirse a la montaña rusa más alta del catálogo, otro quiere sacarse una foto con un personaje disfrazado, y un tercero directamente prefiere sentarse a ver un espectáculo con aire acondicionado antes que hacer cola bajo el sol. Esa tensión, tan cotidiana como universal, resume en el fondo la gran pregunta detrás de cualquier planificación de un viaje con entretenimiento de por medio: ¿conviene un parque de diversiones clásico o uno temático?

Dos mundos que nacieron de la misma idea, pero se separaron en el camino

La distinción no es solo de marketing. Los parques de diversiones tradicionales, herederos directos de los antiguos parques de atracciones de principios del siglo XX como Coney Island en Nueva York, construyeron su identidad alrededor de un catálogo de juegos mecánicos: montañas rusas, ruedas de la fortuna, sillas voladoras, autos chocadores. La experiencia se mide en adrenalina por minuto y en cuántas vueltas alcanza a dar un visitante en un día.

Los parques temáticos, en cambio, nacieron de una idea distinta que Walt Disney popularizó con la apertura de Disneyland en California en 1955: en lugar de yuxtaponer atracciones sin conexión entre sí, cada sector del parque cuenta una historia propia, con escenografía, personajes y una lógica narrativa que envuelve al visitante de punta a punta. Ese modelo terminó imponiéndose como el estándar de la industria del entretenimiento a gran escala en las décadas siguientes, y hoy convive con la propuesta más tradicional de los parques puramente mecánicos, sin que ninguno de los dos formatos haya desplazado por completo al otro.

Lo que cada modelo le ofrece —y le exige— a una familia

La diferencia se nota apenas se cruza la entrada. En un parque clásico, el recorrido suele ser más lineal: se identifican los juegos que interesan, se hacen las colas correspondientes y el día se organiza en función de la cantidad de vueltas que cada integrante de la familia quiere darse. Es un formato que funciona muy bien para grupos con gustos parecidos, sobre todo cuando la prioridad es la emoción física: velocidad, altura, giros, caídas.

Los parques temáticos proponen un ritmo distinto, pensado para sostener una jornada completa sin que la energía decaiga. Después de un tramo de atracciones intensas, el propio diseño del parque empuja a una pausa: un espectáculo en vivo, un encuentro con un personaje, una comida dentro de un restaurante ambientado según la temática de la zona. Esa alternancia de intensidades es, probablemente, la razón por la que los parques temáticos suelen resultar más amigables para grupos con edades e intereses mixtos, donde conviven en un mismo paseo un chico de seis años, un adolescente que solo quiere subirse a lo más extremo, y un adulto que preferiría, ante todo, encontrar sombra y una silla.

El caso que combina las dos lógicas: Beto Carrero World

Si hay un lugar en América Latina donde esta discusión deja de ser teórica, es Beto Carrero World, en el municipio de Penha, sobre la costa de Santa Catarina, en el sur de Brasil. Inaugurado el 28 de diciembre de 1991 por el empresario y artista João Batista Sergio Murad —más conocido por su nombre artístico, Beto Carrero—, el parque se levantó sobre catorce millones de metros cuadrados de terreno frente al Océano Atlántico, lo que lo convierte en el mayor parque multitemático del mundo por superficie y en el más visitado de la región desde 2020, según el relevamiento anual de la industria que elaboran TEA y AECOM.

El parque está organizado en siete grandes zonas temáticas —entre ellas Avenida de las Naciones, Villa Germánica, Lejano Oeste, Isla de los Piratas y Tierra de Fantasía— que conviven con un zoológico de más de 700 animales, considerado uno de los más grandes de América, y con más de cien atracciones que van desde las más tranquilas hasta las que exigen buen estómago. Ahí conviven, sin contradicción, la lógica del parque clásico y la del parque temático: para quienes buscan pura adrenalina están FireWhip, una montaña rusa invertida con los pies suspendidos en el aire; Rebuliço, de giros intensos e imprevisibles; y Spin Blast, un disco giratorio que combina curvas cerradas con cambios bruscos de dirección. Para las familias con chicos pequeños, en cambio, el parque ofrece áreas temáticas más pausadas, shows en vivo —incluido un homenaje al histórico Renato Aragão— y encuentros con personajes que funcionan como el verdadero corazón emocional de la visita.

Un día no siempre alcanza

Uno de los consejos que más repiten quienes ya visitaron Beto Carrero World tiene que ver con el tiempo: dado el tamaño del predio y la cantidad de propuestas, recorrerlo en pocas horas suele convertirse en una carrera contra el reloj más que en un paseo disfrutable. Quedarse más de una jornada permite explorar cada zona sin apuro, repetir las atracciones favoritas y llegar a los espectáculos sin tener que sacrificar otra actividad a cambio. Para quienes prefieren optimizar el tiempo dentro del parque, existen alternativas de acceso más ágil a determinadas atracciones y sectores con ubicación preferencial para los shows, pensadas especialmente para quienes disponen de una sola visita.

A la hora de organizar el viaje, conviene tener en cuenta también el contexto de la zona: el acceso por la ruta BR-101 puede complicarse en temporada alta y feriados, por lo que salir temprano ayuda a evitar demoras innecesarias. El clima de la costa de Santa Catarina, con veranos calurosos y probabilidad de lluvias pasajeras, hace recomendable sumar protector solar, ropa cómoda y algún impermeable liviano al equipaje. Y para el alojamiento, ciudades cercanas como Balneário Camboriú y Itajaí ofrecen una oferta hotelera amplia, además de la posibilidad de combinar la visita al parque con playas y gastronomía de pescados y mariscos, típica de esa costa brasileña.

Entonces, ¿cuál conviene elegir?

La respuesta honesta es que no hay un ganador universal, sino una pregunta previa que cada familia debería hacerse antes de reservar: ¿qué tipo de recuerdo se quiere construir en ese viaje? Si la prioridad es la adrenalina pura y un catálogo de juegos mecánicos de alto impacto, un parque de diversiones clásico sigue siendo una apuesta segura. Si en cambio se busca una experiencia capaz de sostener a distintas generaciones bajo un mismo techo temático, con historias, personajes y una escenografía que acompañe cada rincón del paseo, el modelo de parque temático tiene mucho más para ofrecer.

Lo interesante de casos como Beto Carrero World es que demuestran que esa frontera, con el tiempo, se volvió bastante más porosa de lo que parece a simple vista. Los grandes parques del mundo ya no eligen entre un modelo u otro: construyen catálogos que combinan ambas lógicas, apostando a que cada visitante arme su propio recorrido según lo que esté buscando ese día. Al final, quizás la pregunta correcta no sea qué tipo de parque es mejor, sino cuál de los dos —o cuánto de cada uno— necesita esa familia para volver a casa con la sensación de haber vivido, en un solo viaje, más de una aventura.

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