Resguardado por las verdes elevaciones del Valle de Tafí, existe un sabor que a cada bocado cuenta una historia y que se encuentra protegido en su autenticidad.
El Queso de Tafí del Valle cuenta con la Indicación Geográfica (IG) y se convirtió en el primer producto lácteo de la Argentina en alcanzar este reconocimiento.
Esta distinción coloca al queso tafinisto en un selecto mapa de alimentos con identidad territorial, junto a productos emblemáticos como el salame de Tandil, el aceite de oliva mendocino y el cordero patagónico, entre otros. Pero, sobre todo, confirma algo que en Tucumán se sabe desde siempre y es que este queso es verdaderamente irrepetible.
El logro es fruto de más de 15 años de trabajo articulado entre el Gobierno Provincial, el Gobierno Nacional y los productores locales, quienes impulsaron la necesidad de proteger el nombre del producto y de visibilizar aquello que lo hace único: una combinación de condiciones naturales y saberes productivos que no pueden trasladarse a ningún otro lugar.
En Tafí del Valle, a más de 1.800 metros sobre el nivel del mar, el queso nace en un entorno donde todo influye. El clima templado de altura, la amplitud térmica y los pastizales naturales configuran una materia prima singular. La alimentación del ganado, basada en esas pasturas, aporta características específicas a la leche, que luego se traducen en sabores, aromas y texturas distintivas.
A ese entorno se suma el factor humano. Las técnicas de elaboración, transmitidas de generación en generación, conviven con mejoras incorporadas a lo largo del tiempo, dando como resultado un producto que es tradición viva y evolución constante.
La IG no solo protege el nombre Queso de Tafí del Valle frente a imitaciones, sino que garantiza su autenticidad, refuerza su vínculo con el territorio y abre nuevas oportunidades para su posicionamiento en mercados más exigentes, promoviendo el desarrollo local y el agregado de valor en origen.
Para comprender verdaderamente su esencia hay que viajar en el tiempo. Hasta 1585, cuando los jesuitas llegaron a la Gobernación del Tucumán. Además de su misión evangelizadora, introdujeron prácticas agrícolas y ganaderas, entre ellas la producción de quesos tipo manchego. Desde entonces, la tradición no se detuvo: se adaptó, se transformó y echó raíces profundas en los Valles Calchaquíes.
Hoy, ese legado se celebra también en la Fiesta Nacional del Queso, uno de los eventos más convocantes del verano tucumano, donde la cultura, la música y la producción se entrelazan en torno a este símbolo gastronómico.

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