A casi 500 kilómetros de la capital neuquina, después de atravesar Zapala, Las Lajas, Chos Malal y Andacollo, el camino se angosta, el asfalto empieza a escasear y el paisaje cambia de golpe: aparecen bosques que no existen en ningún otro punto de la Argentina, lagunas de un azul que parece pintado y un silencio que solo interrumpen el viento y, si hay suerte, el chillido de un cóndor sobrevolando la cordillera. Ese es Epu Lauquen, el Área Natural Protegida que el norte neuquino viene guardando casi en secreto desde hace más de cincuenta años.
Un territorio esculpido por el hielo
El Área Natural Protegida Epu Lauquen fue creada en 1973 para conservar un sector único de la precordillera andina, a 45 kilómetros de Las Ovejas, el pueblo que funciona como puerta de entrada a todo el Corredor Neuquén Norte. Su nombre, que en mapudungun significa “dos lagunas”, describe con precisión lo que cualquier visitante encuentra al llegar: la laguna Superior y la laguna Inferior, conectadas por un breve curso de agua, rodeadas de un paisaje que todavía lleva las marcas de la última glaciación.
Durante aquel período, enormes masas de hielo cubrieron los cordones montañosos de la zona y, al retirarse, dejaron tras de sí valles en forma de U, circos glaciarios y otras geoformas que hoy estructuran todo el territorio protegido. Ese pasado helado explica, también, la presencia de una roca errática de dimensiones considerables entre ambas lagunas, un bloque de piedra que el glaciar arrastró desde kilómetros de distancia y que hoy funciona como testigo silencioso de ese proceso geológico.
El bosque que no existe en ningún otro lugar del país
Si hay un motivo por el que los especialistas en conservación miran a Epu Lauquen con particular atención, es su bosque de roble pellín. En esta zona y sus alrededores se encuentran las únicas manifestaciones del tipo forestal Roble/Hualo registradas en toda la Argentina, una formación boscosa exclusiva que además alberga plantas que no crecen en ningún otro sector del país, como el radalillo, la mariposita y la puya.
A ese bosque se suman matorrales de ñire, estepas de coirones, mallines, roquedales y ambientes de alta montaña, un mosaico de ecosistemas comprimido en un territorio relativamente chico que explica la enorme diversidad de fauna que habita la zona.
Aves que solo se ven acá, y un huésped de lujo: el huemul
El listado de aves de Epu Lauquen funciona casi como catálogo de rarezas patagónicas. En los bosques se mueven cachañas, pitíos, rayaditos y picoleznas recorriendo troncos en busca de insectos, además del carpintero gigante, especie endémica de los bosques andino patagónicos. Pero el verdadero tesoro ornitológico es el huet huet castaño, también llamado tuta: en Argentina, su presencia se limita exclusivamente a los bosques de roble pellín de esta área protegida y sus alrededores inmediatos. En las alturas sobrevuelan el cóndor andino, el águila mora y el carancho andino, mientras que los juncales de la laguna Inferior reúnen bandurrias, cauquenes, biguáes, garzas, cisnes, macáes y numerosas especies de patos y gallaretas, muchas de ellas nidificando directamente en esas costas.
Entre los mamíferos aparece el monito del monte, endémico de los bosques de Argentina y Chile, el tunduco o tucu-tuco adaptado a la vida subterránea, el zorro colorado y el puma. Pero el valor de conservación más alto de todos lo tiene el huemul, el ciervo andino en serio peligro de extinción. Epu Lauquen cobra una relevancia particular en ese sentido por su cercanía con los Nevados de Chillán, del lado chileno, donde se encuentra la población más septentrional conocida de la especie: cada avistamiento o rastro registrado en esta área protegida aporta información clave para entender hasta dónde llega realmente el territorio que todavía habita el huemul.
Petroglifos, bandoleros y un tesoro que nadie encontró
Epu Lauquen no es solo naturaleza. En el territorio se conservan petroglifos y otros sitios que dan cuenta de la presencia de poblaciones originarias desde hace siglos. Pero la historia que más circula entre baqueanos y guías de la zona tiene nombre propio: los hermanos Pincheira, una banda de jinetes que entre 1818 y 1832 operó en todo el norte neuquino, cruzando constantemente la frontera con Chile, resistiendo con las armas el proceso independentista y ganándose fama de bandoleros leales a la corona española. Entre las lagunas Superior e Inferior todavía se señala un sitio vinculado directamente a su paso por la región, y la leyenda popular sostiene que en algún lugar del norte neuquino los Pincheira enterraron un botín que nunca fue hallado, un aliciente extra para quien se anima a recorrer estos valles con los ojos bien abiertos.
El territorio también sigue formando parte de la vida productiva actual: familias que practican la trashumancia instalan ahí sus puestos de veranada, una tradición ganadera que se sostiene desde hace generaciones y que convierte a Epu Lauquen en un paisaje tan cultural como natural.
Qué se puede hacer y cómo llegar
Al ingresar al área protegida, una oficina de informes turísticos orienta sobre las actividades disponibles: pesca deportiva de trucha arco iris en lagunas que también albergan pejerrey patagónico, puyen chico y perca, caminatas y observación de fauna. A orillas de la laguna Superior funciona una zona de uso diurno con mesas, bancos y un camping organizado con sanitarios y proveeduría. El sendero Los Robles se interna en el bosque hasta la cascada Chaquiras, mientras que, con guía habilitado, se puede llegar hasta otras lagunas del valle en dirección a la cordillera. En la laguna Inferior, el mirador de aves Los Cauquenes permite observar de cerca a las especies que usan los juncales costeros para alimentarse y nidificar.
Llegar hasta ahí exige, eso sí, tiempo y planificación. Desde Neuquén capital son unos 491 kilómetros hasta Las Ovejas, atravesando Zapala, Las Lajas, Chos Malal y Andacollo por la Ruta Provincial 43, con el tramo final ya pavimentado. Desde Las Ovejas restan todavía 45 kilómetros, buena parte por camino de ripio, para llegar al ingreso del área protegida. Conviene cargar combustible en Chos Malal o Andacollo, porque más adelante las estaciones de servicio escasean. Durante el invierno, el área permanece cerrada al ingreso de visitantes por las condiciones climáticas, y reabre el resto del año bajo el trabajo constante de los guardaparques, que combinan control y asistencia a los visitantes con monitoreo de fauna mediante cámaras trampa, tareas de educación ambiental en las localidades vecinas y un seguimiento puntual de la presencia del huemul en la zona.
Un destino que todavía se recorre despacio
En tiempos donde buena parte de la Patagonia argentina ya empieza a sentir la presión del turismo masivo, Epu Lauquen conserva algo cada vez más escaso: la sensación real de estar descubriendo un lugar que muy pocos recorrieron antes. Entre bosques únicos en el país, aves que no existen en ningún otro rincón de la Argentina, el rastro de bandoleros legendarios y la posibilidad, aunque remota, de cruzarse con un huemul, el norte neuquino sigue guardando uno de los secretos mejor conservados de toda la cordillera.


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