Un estudiante en viaje de egresados y un viajero de alta gama pueden pisar la misma calle de Bariloche, pero no dejan lo mismo en la caja. Según las cuentas que hacen en la propia gestión turística local, el segundo gasta hasta siete veces más que el primero. Con esa diferencia en la cabeza, el sector privado y el ente de promoción de la ciudad armaron esta semana una jornada de trabajo para salir a buscar a ese viajero, y no solo en julio.
Qué pasó en Bariloche
Empresarios y prestadores de Bariloche, Villa La Angostura, San Martín de los Andes, Villa Traful y otras localidades de la Patagonia Norte se juntaron en una reunión organizada por Destino Argentina, la entidad privada que agrupa a unas 170 empresas dedicadas al turismo receptivo de alta gama. Participaron el Ente Mixto de Promoción Turística (Emprotur) y la Asociación de Hoteles de Turismo. La convocatoria superó lo que esperaban los organizadores.
Hubo cena y mesas de diálogo, con hoteles, alojamientos especializados, operadores receptivos, excursiones, transporte y aviación privada sentados en el mismo salón. La idea era que cada eslabón de la cadena escuche lo que necesita el otro, algo que en turismo de alto nivel pesa más que en cualquier otro segmento, porque el viajero que paga mucho no tolera que falle una pieza.
Todo esto sale de un convenio firmado en junio entre Emprotur y Destino Argentina. La directora ejecutiva del ente, Natacha Vázquez, explicó que entrar en esta agenda comercial permite ubicar al destino en la planificación del año próximo y ampliar la oferta para viajeros que buscan atención personalizada en un entorno natural.
La cuenta de siete a uno
El secretario de Turismo y presidente de Emprotur, Eric Guzmán, puso el número sobre la mesa: el gasto de un turista de alta gama puede llegar a multiplicar por siete el de segmentos más tradicionales, como el turismo estudiantil. Son menos visitantes, pero cada uno consume mucho más. La contracara, dijo, es que el destino tiene que subir constantemente su nivel de calidad, atención y hospitalidad para sostener la marca.
Conviene leer ese siete a uno como una estimación de la gestión y no como una cifra auditada, pero la lógica es conocida en el sector. Un huésped de un hotel como el Llao Llao, que abrió en 1938 y paga desde unos 380 dólares la noche en habitación estándar, y bastante más de mil en las suites, consume alojamiento, gastronomía, spa, excursiones privadas y traslados. Y en la Patagonia hay lodges todo incluido de ultra lujo que superan los 3.000 dólares por noche. Un solo viaje de ese perfil mueve más actividad que decenas de estadías de presupuesto ajustado.
Brasil en verano, el gran objetivo
El plan pone el foco en cuatro mercados prioritarios: Brasil, Estados Unidos, Reino Unido y México. A través de la plataforma Argentina On Tour, que impulsa Destino Argentina, ya se concretaron 14 acciones internacionales este año.
Dentro de ese mapa, lo más concreto es el intento de crecer en Brasil durante el verano. Hoy los brasileños llegan a Bariloche sobre todo en invierno, por la nieve. La propuesta es sumarles una segunda razón para venir entre diciembre y marzo: lagos, trekking, navegación y gastronomía, con una ciudad que ya tiene doble temporada alta, esquí en invierno y montaña y agua en verano. Es una jugada con lógica, aunque tiene una dificultad que nadie esconde: para un brasileño de alto poder adquisitivo, enero es también su propia temporada de playa, y hay que ofrecerle algo muy distinto para sacarlo del litoral.
La conectividad pesa más de lo que parece
Un viajero de este perfil no suele resignarse a hacer escalas largas. Por eso son relevantes las novedades de acceso que se suman al destino, como la reanudación de los vuelos directos con Santiago de Chile y las obras previstas en el aeropuerto dentro de un plan nacional de inversión. Mientras más fácil sea llegar, más viable es vender el destino fuera de los meses de nieve.
Lo que queda por resolver
Ninguna estrategia de alta gama funciona solo con promoción. Funciona si la oferta aguanta lo que promete: servicio, capacitación de personal, infraestructura, seguridad en las excursiones y una experiencia que justifique el precio. Los propios directivos reconocieron que la articulación entre lo público y lo privado es clave, y que el desafío es sostener el nivel mientras crece la demanda.
Si el esquema funciona, Bariloche suma una de las pocas cosas que a un destino de montaña le cuesta conseguir: ocupación pareja fuera de los picos de invierno. Si no funciona, queda como una buena reunión con cena. Los números de 2027 van a decir cuál de las dos.


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