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5 agosto, 2026
Mar del Plata, Gestión Congelada

Mar del Plata frente al invierno: la temporada que la gestión municipal sigue sin entender

Las vacaciones de invierno son una prueba de fuego para la capacidad de gestión turística de cualquier ciudad balnearia. Este año, en Mar del Plata, esa prueba se está reprobando en tiempo real: la temporada baja avanza como un escenario de oportunidades perdidas, y la responsabilidad no es difusa ni compartida por partes iguales entre el sector público y el privado. Tiene nombre y apellido institucional: el EMTURYC, el ente municipal de turismo, que llega a este invierno sin un plan de promoción visible, sin una agenda de eventos consolidada y sin capacidad demostrada para articular lo que la ciudad ya tiene. Mientras tanto, otros destinos —de menor infraestructura y menor tradición turística— vienen mostrando que el invierno se gestiona, no se sufre.

Una oferta real, sepultada por la falta de comunicación

Nadie discute que Mar del Plata tiene con qué recibir al turista invernal: termas y spas, circuitos gastronómicos consolidados, museos y centros culturales, una costanera que cambia de fisonomía con la bajamar, calendario de eventos deportivos y una oferta creciente de turismo de naturaleza. El problema no es el inventario de atractivos, es que ese inventario no llega al público. Una oferta que no se comunica de manera sistemática, con métricas, con presupuesto y con continuidad en el tiempo, es funcionalmente una oferta que no existe para el visitante que decide dónde viajar.

Esto no es una apreciación abstracta: se traduce en ocupación hotelera resignada de antemano, en agendas de eventos que se conocen por Instagram de prestadores individuales y no por una campaña institucional, y en un mercado —el argentino, que es el que hoy puede viajar— que no recibe ningún mensaje claro de por qué Mar del Plata debería ser una opción de invierno y no solo de enero.

El EMTURYC: la gestión que no gestiona

El diagnóstico de fondo no es la falta de productos turísticos, sino la ausencia de un organismo que los articule, los jerarquice y los ponga en valor frente al mercado. Y ahí es donde la crítica deja de ser genérica: el EMTURYC no ha explicado públicamente cuál es su estrategia para la temporada baja 2026, no ha comunicado indicadores de la temporada de invierno anterior que permitan medir si algo mejoró o empeoró, y no ha mostrado una agenda de eventos con la anticipación mínima que cualquier operador turístico necesita para armar paquetes y comunicarlos.

Esta no es una falla de ejecución aislada. Es un patrón: la promoción se improvisa, los eventos se anuncian tarde o se cancelan sin explicación, y la coordinación con cámaras de turismo y prestadores privados —cuando existe— llega después de que la temporada ya arrancó. El costo de esto no lo paga el ente, lo pagan los hoteleros, los gastronómicos, los guías y los proveedores de servicios que dependen de un flujo de visitantes que nadie está trabajando activamente para generar.

Cabe además una pregunta que la gestión municipal no suele responder: ¿cuánto presupuesto se destinó efectivamente a promoción de la temporada de invierno, y con qué resultados medibles? Sin esa información pública, cualquier evaluación de gestión queda en el terreno de la percepción antes que en el de los datos, y esa opacidad es en sí misma parte del problema.

El costo de no gestionar el invierno como una temporada propia

El turismo invernal no es un complemento ni una curiosidad de nicho: es la herramienta central para desestacionalizar la actividad, sostener la ocupación hotelera fuera del verano y mantener el empleo turístico durante los meses en que la ciudad más lo necesita. Tratarlo como un “extra” —y no como una temporada con lógica, presupuesto y objetivos propios— es una decisión de gestión, no una fatalidad climática ni geográfica.

Mar del Plata tiene infraestructura instalada, cercanía con el principal mercado emisor del país y una diversidad de productos que otros destinos envidiarían. Ese potencial, sin embargo, no se traduce solo. Requiere una autoridad de turismo que decida activamente construir la temporada de invierno, y hasta el momento el EMTURYC no ha demostrado esa voluntad de gestión, más allá de comunicados aislados y acciones sin continuidad.

Qué debería exigirse para la próxima temporada

La crítica a la gestión actual no es solo institucional: es una crítica a la falta de racionalidad estratégica en el uso de recursos públicos destinados al turismo. Concretamente, la gestión municipal debería:

  • Presentar con al menos noventa días de anticipación un plan de promoción de la temporada de invierno, con objetivos, presupuesto y métricas de seguimiento públicas.
  • Coordinar de manera efectiva —no meramente declarativa— con cámaras de turismo y prestadores privados la agenda de eventos y actividades, evitando la superposición y la improvisación.
  • Sostener una comunicación permanente y profesional hacia el mercado argentino, tratándolo como destino prioritario y no como remanente de la temporada de verano.
  • Rendir cuentas, al finalizar la temporada, sobre ocupación, afluencia y resultados de las campañas realizadas, para que la evaluación de gestión deje de depender de la percepción y empiece a depender de datos verificables.

Mar del Plata tiene la oferta, la infraestructura y la cercanía necesarias para convertir el invierno en una temporada de movimiento económico real. Lo que falta no es potencial: es una gestión que asuma la responsabilidad de convertirlo en resultados, y una autoridad de turismo dispuesta a rendir cuentas por no haberlo hecho.

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