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1 septiembre, 2026
Flybondi para atrás

Flybondi al borde del colapso: cancela 4 de cada 5 vuelos, no paga a los despedidos y deja a miles de pasajeros sin reembolso

Flybondi ya no cumple casi nada de lo que promete. Ni los vuelos que vende, ni los acuerdos que firma, ni las deudas que reconoce por escrito. La aerolínea de bajo costo, controlada por el empresario Leonardo Scatturice, atraviesa una crisis que dejó de ser operativa para convertirse en un patrón sistemático de incumplimientos: con trabajadores, con pasajeros, con proveedores y con el propio Estado.

El dato más brutal es también el más visible: durante julio y lo que va de agosto, 4 de cada 5 vuelos de la compañía terminaron cancelados, un 78% de sus servicios. Para cualquier pasajero que compre un pasaje hoy, la pregunta ya no es si el vuelo se va a demorar, sino si va a existir.

Despidos sin pago, acuerdos firmados y jamás cumplidos

Detrás de la debacle operativa hay una historia todavía más grave: la de más de 700 trabajadores despedidos que, meses después de dejar la empresa, siguen esperando que Flybondi les pague lo que firmó pagarles. Una parte de esos despidos se formalizó a través de acuerdos homologados por el Servicio de Conciliación Laboral Obligatoria de la Secretaría de Trabajo de la Nación. Otra parte aceptó retiros voluntarios rubricados ante escribano público, con la propia directora de Recursos Humanos de la compañía como firmante. En ningún caso, señalan fuentes sindicales, la empresa terminó pagando lo acordado.

No se trata de una demora administrativa: los propios trabajadores despedidos denuncian que la compañía mantiene un silencio deliberado sobre sus deudas y que las cifra en cientos de expedientes judiciales abiertos para intentar cobrar algo que Flybondi ya había reconocido por escrito. Cada incumplimiento nuevo obliga a un juicio nuevo, y cada juicio le regala a la empresa más tiempo para seguir sin pagar.

Quienes todavía conservan su puesto tampoco están mucho mejor. Según las denuncias, no cobraron los salarios de junio ni de julio, ni el medio aguinaldo, y trabajan bajo un clima de hostigamiento hacia quienes reclaman por los atrasos. El 6 de agosto, la falta de pago de aportes dejó a trabajadores activos y a ex empleados sin cobertura de obra social ni prepaga, un dato que resume hasta dónde llegó el deterioro.

Pasajeros sin reembolso y proveedores sin cobrar

La lista de perjudicados no termina en la nómina de la empresa. Cientos de miles de pasajeros con vuelos cancelados en los últimos ocho meses todavía no recibieron su reembolso, mientras que cientos de proveedores llevan meses sin cobrar, incluso después de haber acordado planes de pago con la aerolínea. El reclamo se extiende también al Estado nacional y a las provincias, con las que Flybondi mantendría deudas por millones de dólares en concepto de tasas e impuestos.

Brasil ya le cerró la puerta

La crisis no quedó circunscripta a la Argentina. En julio, el 79% de los vuelos de Flybondi vinculados con Brasil terminaron cancelados, un desempeño que llevó a la autoridad aeronáutica de ese país a intervenir de manera directa. A fines del mes pasado, la ANAC brasileña dictó una medida cautelar que le prohíbe a la aerolínea vender pasajes con destino u origen en Florianópolis, Maceió y Salvador de Bahía, y le bloqueó además cualquier posibilidad de abrir nuevos destinos o sumar frecuencias. Es, ni más ni menos, que un regulador extranjero decidiendo que la compañía ya no ofrece garantías suficientes para operar en su territorio.

Mientras tanto, la empresa piensa en reinventarse

En medio de ese derrumbe, empezó a circular información sobre una posible reestructuración societaria por la cual Flybondi pasaría a llamarse OCA Air, a partir del ingreso del holding CQC Global Enterprise (controlante de la empresa de correo OCA) y liderado también por Scatturice. En criollo: mientras la compañía no paga sueldos, no paga indemnizaciones y no reembolsa pasajes, su propio dueño avanza en una ingeniería financiera para reagrupar aviación, logística, distribución y tecnología bajo una nueva marca. Para los trabajadores que todavía esperan cobrar lo que la empresa ya reconoció por escrito, el anuncio suena menos a plan de salvataje que a maniobra para diluir responsabilidades bajo un nombre nuevo.

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