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31 agosto, 2026
Mate en Lungro, Calabria, Italia, con bombilla y todo.

Existe un pueblo en Italia donde el mate es más sagrado que el café, y la historia de cómo llegó ahí te va a volar la cabeza

Imaginate viajar 11.000 kilómetros, cruzar el Atlántico y llegar a un pueblito del sur de Italia… para encontrarte con alguien cebando mate junto a la chimenea. Suena a chiste, pero es exactamente lo que le pasa a cualquier argentino que pisa Lungro, un pueblo de apenas 2.900 habitantes en la región de Calabria, provincia de Cosenza, donde el mate no es una curiosidad importada: es parte de la identidad local desde hace 150 años.

Un souvenir que se convirtió en tradición

La historia empieza, como tantas otras, con la inmigración. A fines del siglo XIX y principios del XX, muchos habitantes de Lungro —descendientes de albaneses instalados en el sur de Italia— cruzaron el océano para hacerse una vida en la Argentina. Con el tiempo, buena parte de esos inmigrantes volvió a su pueblo natal, y en la valija no solo trajeron plata o recuerdos: trajeron yerba, bombillas y porongos, que originalmente les enviaban como souvenirs desde el otro lado del mundo.

Lo que empezó como un regalo curioso terminó convirtiéndose en costumbre familiar, y esa costumbre se fue pasando de generación en generación hasta el día de hoy. Lo llamativo es que en Lungro no hay ninguna comunidad argentina organizada que sostenga la tradición: son los propios italianos, sin vínculo directo con la Argentina en muchos casos, quienes lo adoptaron como propio.

Existe incluso una anécdota que se repite en el pueblo como leyenda familiar: en 1920, la abuela de un vecino lungrese viajó a la Argentina porque su marido trabajaba acá. A la hora de armar el equipaje, en lugar de llevarse ropa u objetos personales, guardó una pava y un mate. Al desembarcar en Buenos Aires, se sorprendió al descubrir que en su nuevo país todo el mundo tomaba lo mismo que ella llevaba de recuerdo.

Un ritual que ya es propio, con reglas propias

Hoy en Lungro el mate se toma en cada casa, tengan o no vínculo con la Argentina, y muchas familias directamente lo prefieren antes que el café. Se toma a la mañana, a la tarde, solo o acompañado, pero siempre está presente en el día a día.

Eso sí: la forma de tomarlo tiene sus propias particularidades, bien distintas a las argentinas. El youtuber Eduardo Coronel, que visitó el pueblo, contó que en Lungro el termo prácticamente no existe: el mate se prepara en casa, con pava, y se comparte sobre todo durante el desayuno o en reuniones familiares. Nada de andar con el termo bajo el brazo por la calle o cebar en la plaza: ahí el mate se toma puertas adentro.

Otra diferencia clave es el endulzante: los lungreses suelen tomarlo con azúcar, e incluso en muchas familias se prepara con leche, sobre todo cuando lo toman los más chicos. Una infusión con reglas propias, pero con el mismo espíritu de siempre: reunir a la familia alrededor de la pava.

El primer pueblo europeo que cultiva su propia yerba

Como si la adopción cultural no fuera suficiente, Lungro dio un paso que ningún otro lugar de Europa había dado antes: comenzó a sembrar y cosechar su propia yerba mate, convirtiéndose en el primer pueblo del continente en producirla íntegramente en su propio suelo. Un cierre perfecto para una historia que empezó con souvenirs de inmigrantes y terminó con una identidad agrícola compartida entre dos culturas separadas por un océano.

Más que una bebida: una excusa para no perder la memoria

La youtuber Noeli Forciniti, que también recorrió el pueblo, puso el foco en algo que va más allá de la preparación: el rol social del mate en Lungro. Contó que en invierno lo toman junto a la chimenea para fomentar la charla, y que funciona como una excusa perfecta para sentarse, conversar y transmitir historias familiares de generación en generación.

Durante el recorrido, los viajeros conocieron a Karen, sommelier de yerba mate y una de las personas que trabaja para difundir la tradición en el pueblo. Su resumen de la historia es tan simple como contundente: la migración hizo que italianos descendientes de albaneses fueran a la Argentina, y cuando volvieron trajeron el mate como souvenir. Esta comunidad lo hizo completamente suyo.

El Festival del Mate: una fiesta con historia de fondo

Detrás de la celebración más importante del pueblo está Ana Stratigò, presidenta de la Academia del Mate y principal impulsora del Festival del Mate, que se realiza desde hace 12 años. Para ella, el mate está directamente ligado a la memoria de su familia: según contó, si no hubiese sido por esta bebida, muchas historias y costumbres familiares se habrían perdido con el paso del tiempo.

La fecha elegida para el festival no es casual: comenzó a celebrarse cada 1 de agosto, día en que falleció su madre. Una manera de mantener viva su memoria y, al mismo tiempo, homenajear las historias familiares que se compartieron durante años alrededor de la pava.

Todo nació, de hecho, de una canción que Ana escribió junto a su mamá mientras compartían mates frente a la chimenea. Le pareció injusto que una bebida tan importante en su vida no tuviera una canción propia, así que la escribió. Tras grabarla y publicarla, la historia de Lungro empezó a viajar por el mundo, hasta llegar nada menos que al Papa Francisco, con quien Ana pudo compartir un mate en persona, un episodio que terminó de darle visibilidad internacional al pueblo calabrés.

Un destino insólito para el turista argentino

Lungro se perfila hoy como un destino insólito para cualquier argentino que viaje a Italia y quiera vivir una experiencia fuera de lo común: un pueblo donde el mate no solo se entiende, sino que se venera, se canta y hasta se cultiva. Entre las sierras calabresas y el eco de la inmigración italoargentina, esta pequeña comunidad demuestra que hay tradiciones que no conocen fronteras, y que a veces el símbolo más argentino de todos puede terminar echando raíces —literalmente— del otro lado del mundo.

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