Hay lugares de la Patagonia que se hicieron famosos por sus multitudes. Y hay otros que conservaron durante décadas exactamente lo contrario: silencio, aislamiento y una naturaleza prácticamente intacta.
El Parque Nacional Perito Moreno, en el oeste de Santa Cruz, pertenece a este segundo grupo. No debe confundirse con el célebre glaciar del mismo nombre: aquí no hay pasarelas repletas de visitantes ni excursiones multitudinarias. Hay lagos de colores increíbles, montañas, bosques de lengas, estepa, glaciares, refugios de montaña, más de 100 kilómetros de senderos y una fauna que puede aparecer a pocos metros del caminante.
Durante mucho tiempo, su principal problema fue precisamente aquello que hoy constituye uno de sus mayores atractivos: llegar hasta allí no es sencillo.
Pero algo está cambiando.
El parque comenzó a incorporar infraestructura para mejorar la experiencia de los visitantes y, más recientemente, puso en marcha un nuevo sistema integral de gestión ecoturística que busca potenciar refugios, domos, campamentos y áreas para motorhomes. La intención es clara: convertir a uno de los rincones más desconocidos de la Patagonia en un destino de naturaleza de referencia, sin perder la condición de territorio remoto que lo hace especial.
El otro Perito Moreno
El nombre puede generar confusión.
El Parque Nacional Perito Moreno está en Santa Cruz, pero no es el área protegida donde se encuentra el famoso glaciar que forma parte del Parque Nacional Los Glaciares.
Este parque se ubica mucho más al norte, en la Patagonia cordillerana, próximo a la frontera con Chile y a unos 220 kilómetros de Gobernador Gregores, la localidad más cercana. El aislamiento es una de sus características fundamentales y explica buena parte de su baja visitación.
Su superficie alcanza aproximadamente 142.120 hectáreas, donde conviven dos grandes ambientes: la Estepa Patagónica y los Bosques Patagónicos. Entre ambos aparecen montañas, valles, lagunas, ríos y un extraordinario sistema de lagos de origen glaciario.
El resultado es una Patagonia diferente de la postal más conocida.
Aquí el paisaje no se construye alrededor de un único atractivo. El protagonista es el territorio completo.
Ocho lagos y colores que cambian con la luz
Uno de los grandes argumentos turísticos del parque está en sus lagos.
Son ocho cuerpos de agua de origen glaciario y la mayoría pertenece a una cuenca que desagua hacia el océano Pacífico. Solamente uno de ellos forma parte de la vertiente atlántica.
El Lago Belgrano es uno de los grandes protagonistas. Sus aguas pueden adquirir tonalidades turquesas, verdes y grisáceas que contrastan con las montañas y los bosques.
En determinados sectores, la presencia de sedimentos provenientes de los glaciares genera una coloración blanquecina muy particular, especialmente visible en el sector norte del lago.
No hace falta buscar un mirador construido para comprender la dimensión del paisaje. La propia geografía ofrece puntos de observación permanentes.
La Península Belgrano, por ejemplo, permite recorrer distintos sectores frente al lago y acceder a miradores naturales desde donde las aguas aparecen rodeadas por montañas y bosques.
Una Patagonia para caminar
Si existe una actividad capaz de definir al Parque Nacional Perito Moreno, es el trekking.
La red actual supera los 100 kilómetros de senderos, con recorridos que van desde caminatas de menos de una hora hasta travesías de varios días.
No todos los circuitos requieren la misma preparación.
Hay senderos cortos que permiten realizar una aproximación al paisaje durante algunas horas, mientras que los recorridos más exigentes atraviesan sectores alejados y requieren planificación, equipamiento y experiencia.
Entre las posibilidades aparecen circuitos por la Península Belgrano, recorridos hacia el Lago Burmeister, senderos vinculados con el Valle del Río Lácteo y travesías de varios días hacia zonas de lagunas y montañas.
La propuesta es particularmente atractiva para quienes buscan turismo de naturaleza sin masividad.
No se trata de llegar, sacar una fotografía y continuar viaje.
El parque está pensado para caminarlo.
Dormir en medio de la naturaleza
El desarrollo de refugios cambió las posibilidades de recorrer el área protegida.
Algunos circuitos cuentan con refugios, domos y sectores de acampe ubicados estratégicamente para permitir que los visitantes puedan permanecer varios días dentro del parque.
La infraestructura no busca transformar el lugar en un centro turístico convencional.
Por el contrario, la idea es facilitar una experiencia de bajo impacto en la que el visitante pueda internarse en la naturaleza, recorrer distintos ambientes y pasar la noche cerca de los senderos.
Los refugios son compartidos y requieren reserva previa. También existe la posibilidad de utilizar sectores de acampe y, en determinados puntos, espacios destinados a motorhomes.
Este modelo resulta especialmente interesante porque permite ampliar la permanencia del turista sin construir una infraestructura hotelera tradicional.
La gran novedad: una experiencia ecoturística más organizada
El cambio más importante en la propuesta turística del parque está relacionado con la incorporación de un sistema integral de gestión ecoturística.
La iniciativa, puesta en marcha recientemente, contempla la gestión de refugios, domos, campamentos y áreas destinadas a motorhomes mediante una alianza público-privada autorizada por la Administración de Parques Nacionales. Se trata de una experiencia de gestión turística sin fines de lucro dentro del sistema nacional de áreas protegidas.
La importancia de esta transformación no está solamente en sumar camas o lugares donde dormir.
Permite pensar el parque como un verdadero producto turístico de naturaleza.
Un viajero puede planificar una estadía de varios días, combinar distintos circuitos, utilizar refugios, realizar trekking y recorrer ambientes que permanecieron durante décadas prácticamente fuera de los circuitos turísticos tradicionales.
La apuesta es lograr que el aislamiento deje de ser solamente una dificultad y se convierta en parte de la experiencia.
Una fauna que aparece cuando menos se la espera
La naturaleza también se observa a través de los animales.
Durante los recorridos pueden aparecer guanacos, choiques, cóndores, zorros, piches y chinchillones anaranjados. Y para los visitantes especialmente afortunados existe la posibilidad de encontrarse con el huemul, una de las especies más emblemáticas y amenazadas de los Andes patagónicos.
El parque conserva además una diversidad importante de ambientes acuáticos, donde viven distintas especies de aves y peces.
La presencia de fauna en un entorno con baja intervención humana constituye uno de los principales valores de la experiencia.
Pero también exige responsabilidad.
Observar animales silvestres implica mantener distancia, evitar alimentarlos y no alterar sus comportamientos naturales.
El huemul, símbolo de un territorio protegido
El huemul tiene un lugar especial dentro de la identidad del parque.
Este ciervo nativo de los Andes patagónicos es Monumento Natural Nacional y aparece representado en el emblema del área protegida. Su presencia está asociada a ambientes montañosos y boscosos de difícil acceso.
Encontrarlo no está garantizado y justamente allí reside parte de su atractivo.
En el turismo de naturaleza, el objetivo no debería ser perseguir al animal para conseguir una fotografía, sino recorrer su hábitat con la posibilidad de que la fauna aparezca espontáneamente.
En Perito Moreno todavía existe esa posibilidad.
Un viaje también hacia el pasado
El parque no solamente protege paisajes y biodiversidad.
También conserva evidencias de ocupación humana de aproximadamente 10.000 años, entre ellas aleros, pinturas rupestres y otros restos arqueológicos.
Esto agrega una dimensión cultural a una experiencia que a primera vista parece exclusivamente natural.
Los antiguos habitantes de la región conocieron estos lagos, montañas y valles mucho antes de que existieran las rutas y los actuales límites administrativos.
Caminar por el parque implica, por lo tanto, atravesar diferentes capas de la historia patagónica: la geología, los glaciares, los ecosistemas, la presencia humana ancestral y la actual conservación.
El paisaje cambia a cada kilómetro
Una de las características que más sorprenden al visitante es la diversidad.
En un mismo recorrido pueden aparecer extensiones abiertas de estepa, bosques de lenga, lagunas, montañas, roquedales y lagos.
La lenga adquiere además una enorme importancia paisajística durante el otoño, cuando sus hojas cambian de color y generan tonalidades rojizas y ocres antes de caer.
En las zonas más expuestas al viento, los árboles pueden adoptar formas bajas y retorcidas.
Es una imagen muy diferente de los bosques densos asociados tradicionalmente con otros sectores de la Patagonia.
El viento también forma parte del destino
Quienes llegan al Parque Nacional Perito Moreno deben entender algo desde el primer momento: la Patagonia aquí se presenta sin filtros.
Los vientos pueden ser intensos y persistentes. Las condiciones meteorológicas pueden cambiar rápidamente y no resulta extraño que el frío sorprenda incluso durante los meses de verano.
La información oficial advierte que en invierno las temperaturas pueden descender hasta valores extremos y que incluso durante el verano puede producirse nieve.
Por eso la planificación es parte fundamental del viaje.
No es un destino para improvisar.
Cómo llegar al Parque Nacional Perito Moreno
El acceso es uno de los aspectos que explican por qué todavía son pocos los viajeros que llegan hasta allí.
Desde Gobernador Gregores se accede por la Ruta Nacional 40 y luego por la Ruta Provincial 37. Son aproximadamente 220 kilómetros, con unos 90 kilómetros de camino de ripio.
También existe acceso desde la localidad de Perito Moreno, aunque la distancia es mayor.
La ausencia de servicios convencionales en buena parte del recorrido obliga a organizar previamente combustible, alimentos, agua, abrigo y equipamiento.
No hay que interpretar esta característica como una deficiencia del destino.
Es, precisamente, una de las razones por las que el lugar conserva su carácter.
Una experiencia que exige preparación
El Parque Nacional Perito Moreno no está pensado para el turismo improvisado.
Antes de ingresar es obligatorio registrar la visita en el Centro Operativo Clemente Onelli, que funciona como punto de información y control. El registro permite además conocer las condiciones de los senderos y recibir indicaciones según las características del recorrido.
Para utilizar refugios, domos o parcelas de acampe es necesario realizar las reservas correspondientes y completar el registro obligatorio para actividades de montaña.
El parque funciona habitualmente durante la temporada comprendida entre el 1 de octubre y el 30 de abril, aunque la apertura puede modificarse según las condiciones de los caminos y del área protegida.
En otras palabras, antes de viajar conviene consultar las condiciones vigentes y no tomar como definitivos los datos de una temporada anterior.
El nuevo desafío: atraer visitantes sin perder el silencio
Aquí aparece la gran pregunta.
¿Cómo se puede promocionar un lugar precisamente famoso por ser poco visitado sin convertirlo en un destino masivo?
La respuesta parece estar en el concepto de turismo de naturaleza de bajo impacto.
El objetivo no debería ser recibir multitudes, sino atraer al visitante adecuado: personas interesadas en trekking, fotografía, observación de fauna, paisajes, aventura, conservación y experiencias prolongadas.
El desarrollo de infraestructura puede ayudar a ordenar ese crecimiento.
Más refugios, mejores senderos, áreas de acampe organizadas y sistemas de gestión adecuados permiten recibir visitantes sin necesidad de transformar completamente el territorio.
Ese equilibrio será determinante.
Patagonia para quienes buscan algo diferente
El viajero que ya conoce El Calafate, El Chaltén o los principales circuitos de la Patagonia puede encontrar aquí algo completamente diferente.
No hay grandes centros urbanos en las proximidades.
No hay una sucesión de servicios turísticos a pocos kilómetros.
No hay una excursión convencional que permita resolver la visita en un par de horas.
Hay que conducir, caminar, esperar, observar y adaptarse.
Y precisamente por eso la experiencia puede ser mucho más intensa.
El parque ofrece una Patagonia silenciosa, donde el sonido del viento, el agua y las aves puede convertirse en la banda sonora de una jornada completa.
Un destino que todavía está a tiempo de sorprender
La paradoja del Parque Nacional Perito Moreno es que su escasa visitación, que durante años fue vista como una limitación, hoy puede convertirse en su principal argumento turístico.
Mientras otros destinos patagónicos enfrentan los desafíos propios de la masificación, este rincón de Santa Cruz tiene la oportunidad de crecer de manera planificada.
La infraestructura que se está incorporando abre nuevas posibilidades. Los refugios permiten recorrer más kilómetros. Los domos y áreas de acampe facilitan estadías más prolongadas. Los senderos ordenan el tránsito. Y la nueva gestión ecoturística busca consolidar una experiencia más accesible sin renunciar a la conservación.
El desafío será mantener el equilibrio.
Porque si algo hace especial a este parque es justamente aquello que no se puede fabricar: la sensación de estar lejos de todo.
Entre lagos turquesa, bosques de lenga, montañas, estepa, glaciares y una fauna que todavía encuentra espacio para vivir con escasa intervención humana, el Parque Nacional Perito Moreno tiene todos los ingredientes para convertirse en una de las grandes sorpresas del turismo de naturaleza en la Patagonia.
No necesita competir con el glaciar que comparte su nombre.
Su atractivo es otro.
Es la Patagonia que todavía se siente descubierta.


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