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31 agosto, 2026
Trekking Cabo Polonio, Uruguay

Cabo Polonio a pie: la travesía de dos días que todo aventurero debería hacer al menos una vez

Hay un tramo de la costa uruguaya al que no se llega manejando. Se llega caminando, con las zapatillas llenas de arena y el reloj apagado, o subido a un camión todo terreno que hace equilibrio sobre médanos móviles. Cabo Polonio funciona así desde siempre, y esa resistencia a lo cómodo es justamente lo que lo volvió un destino de culto para quienes buscan algo distinto a la playa de sombrilla y wifi.

El acceso oficial es en camiones carrozados que parten desde una terminal sobre la ruta, a siete kilómetros del pueblo, e ingresan por huellas de arena hasta el cabo. Es rápido, es cómodo y para la mayoría de los visitantes es la única opción. Pero existe otra forma de llegar, más lenta y más honesta con el paisaje: dos senderos de trekking que arrancan en el balneario de Barra de Valizas y atraviesan un parque nacional costero de punta a punta. Playas vírgenes, dunas que se mueven con el viento, monte nativo y una fauna marina que no tiene apuro por esconderse. Se puede caminar en cualquier época del año, aunque el invierno regala algo que el verano no: soledad.

El cruce del arroyo y el primer sendero.

Todo empieza en Barra de Valizas, a donde se puede llegar en bicicleta, en ómnibus de la empresa Rutas del Sol o en vehículo propio. Conviene descansar ahí una noche, dejar el equipaje pesado en custodia si se puede y salir temprano con lo mínimo: ropa liviana, protector solar, agua y algo de comida energética. La idea de fondo es viajar sin peso extra, dormir en un albergue del cabo y comer lo que la zona ofrece, sin pretender llevar la propia cocina a cuestas.

Antes de meterse en el parque hay que cruzar el arroyo Valizas, que desemboca en el mar unos metros más adelante. Con marea baja se vadea caminando; Si el cauce viene creciendo, hay boteros que cruzan pasajeros por una tarifa accesible. Ese cruce es, en los hechos, la puerta de entrada al Parque Nacional Cabo Polonio, declarada área protegida en 2009 e integrada al Sistema Nacional de Áreas Protegidas de Uruguay.

Desde ahí, la ida conviene hacerla por el sendero costero: diez kilómetros, unas tres horas de caminata, con cabos de piedra, miradores como el del cerro Buena Vista y bahías de arena sueltas que invitan a sacarse las zapatillas. No está señalizado. Se camina siguiendo la orilla, con el océano, las aves marinas y unas islas rocosas que aparecen y desaparecen según el oleaje como única compañía. Esas mismas islas causaron varios naufragios a lo largo de la historia; una leyenda local sostiene que el nombre “Polonio” viene del hundimiento de un barco comandado por el capitán Joseph Poloni, hace casi tres siglos. Pasada la mitad del recorrido, desde la playa de la Calavera ya se distingue el faro de ladrillos y las casas bajas del pueblo.

Un pueblo que decidió vivir distinto

Cabo Polonio tiene alojamiento variado, aunque en temporada alta con reserva viene con anticipación. Sin plan fijo, lo mejor es perderse: bordear el cabo, subir al mirador del faro de 1881 para entender la geografía del lugar, caminar entre las casitas dispersas y observar la colonia de lobos y leones marinos en la isla vecina. Esa colonia tiene historia propia: hace un siglo era la base económica del cabo a través de la caza y faena, una actividad recién prohibida hace tres décadas. Con la protección, la población de lobos marinos creció y el destino giró hacia un turismo de bajo impacto.

Esa reconversión se nota en los detalles. La electricidad venta de generación eólica y solar, los residuos se retiran y reciclan, el agua se extrae de perforaciones propias, las construcciones tienen límites estrictos y los pocos 4×4 que circulan necesitan autorización previa. El perfil del visitante también es variado: extranjeros, mochileros solos, parejas, grupos de amigos, gente que va por el día y gente que llega buscando desconectarse por completo. Buena parte de los habitantes vive de la pesca, así que la cocina local gira en torno al pescado fresco, con opciones simples, sabrosas y baratas.

El mejor horario para el atardecer es desde la playa Sur, por la orientación del sol. Después de encender el faro a mano, con destellos cada doce segundos, y las calles (todas peatonales, iluminadas apenas con faroles) quedan disponibles para una caminata nocturna bajo un cielo sin contaminación lumínica. Desde el albergue, de noche, el mar se escucha de fondo.

La vuelta por el sendero De los Carros

Al día siguiente conviene madrugar unos cuarenta minutos antes del amanecer y caminar hasta la playa Norte, donde el sol sale directamente del mar. Después de esa primera hora de playa compartida con otros viajeros, llega el momento de organizar el regreso.

Para la vuelta, la opción lógica es el sendero De los Carros: ocho kilómetros que arrancan trepando dunas de treinta metros declaradas monumento natural, y que acortan la distancia alejándose un poco de la costa. El nombre viene de que algunos vehículos preparados pueden transitarlo (a veces se ven las huellas), aunque es común no cruzarse con nadie en todo el trayecto. Es menos sinuoso que el costero pero exige más esfuerzo físico: pastizales, monte nativo y subidas y bajadas constantes, con panorámicas amplias del océano como premio. Tampoco está señalizado, así que conviene mantenerse cerca de la costa y evitar metros en la vegetación más densa hasta encontrarse con el otro sendero.

De regreso, al volver a cruzar el arroyo Valizas, es habitual ver pequeños barcos de pescadores preparándose para salir a buscar pejerrey y camarón de río, otra postal de un lugar que sigue viviendo, en gran parte, de lo que le da el agua.

Datos útiles para organizar la travesía

  • Duración: dos jornadas de trekking, con una noche de por medio en Cabo Polonio.
  • Distancias: 10 km por el sendero costero (ida) y 8 km por el sendero De los Carros (vuelta), unas 3 horas cada tramo.
  • Cómo llegar a Barra de Valizas: en ómnibus con Rutas del Sol, en vehículo propio o en bicicleta.
  • Cruce del arroyo Valizas: a pie con marea baja, o en bote cuando el cauce está creciendo.
  • Qué llevar: mochila liviana, agua, protector solar, algo de comida energética y ropa de abrigo si se viaja en temporada baja.
  • Alojamiento: albergues y posadas dentro del cabo; reservar con anticipación en temporada alta.
  • Mejor momento del día: atardecer en playa Sur, amanecer en playa Norte.

Dos días, dos senderos sin señalizar y un pueblo que decidió no pavimentar el camino hacia adentro. Cabo Polonio sigue siendo, para quien lo camina en lugar de subirse al

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