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4 agosto, 2026
Avión volando sobre San Pablo, Brasil

América Latina despega hacia la descarbonización: Brasil se consolida como potencia regional en combustibles sostenibles para la aviación

La transición ecológica del transporte aéreo encuentra en América Latina uno de sus territorios más prometedores. La región está “muy bien posicionada” para convertirse en un eslabón clave de la cadena global de suministro de combustibles sostenibles de aviación (SAF, por sus siglas en inglés), incluso para abastecer a mercados como Europa que buscan acelerar su transición energética. Así lo señaló a Bloomberg Línea Frank Mischler, director del International Power to X Hub, iniciativa impulsada por la Agencia Alemana de Cooperación Internacional (GIZ).

Según el especialista, la región concentra dos grandes vías de producción de combustibles limpios para el sector aéreo: los de origen biológico, elaborados a partir de aceites y grasas procesadas mediante hidrogenación y fermentación alcohólica, y los sintéticos, generados a través de electricidad de fuentes renovables. Ambas rutas tecnológicas representan una oportunidad histórica para reducir la huella de carbono de una de las industrias más difíciles de descarbonizar a nivel global.

Brasil, motor verde de la aviación latinoamericana

En el segmento de biocombustibles, Brasil destaca por su trayectoria consolidada en la producción de etanol, una infraestructura logística madura para biocombustibles y cadenas de valor agrícolas robustas y ya integradas al mercado energético. En el frente de los combustibles sintéticos, el país también sobresale gracias a una matriz eléctrica limpia, electricidad renovable de bajo costo y una disponibilidad abundante de fuentes de carbono aprovechables para procesos industriales sostenibles, según explicó Mischler.

Este segundo segmento aún transita una etapa incipiente de desarrollo, por lo que las primeras inversiones tenderán a concentrarse cerca de los principales polos de demanda, en particular la Unión Europea y el Reino Unido. No obstante, una vez que la tecnología alcance madurez plena y el mercado se comporte como el de una materia prima estandarizada, es previsible que América Latina emerja como una de las regiones más competitivas del mundo para su producción a gran escala.

En esa misma línea, Andrés Rebolledo, secretario ejecutivo de la Organización Latinoamericana y Caribeña de Energía (Olade), sostuvo que Brasil es el principal polo regional y uno de los más relevantes a escala mundial para la producción de SAF, con un potencial estimado de casi 200 millones de toneladas de biomasa hacia 2050, volumen suficiente para generar alrededor de 60 millones de toneladas de combustible sostenible.

Una carrera global por la energía limpia en el aire

El panorama, aunque favorable, no está exento de competencia internacional: India avanza con rapidez en el desarrollo de esta industria y China continúa ampliando su capacidad productiva. Aun así, Mischler fue enfático al señalar que América Latina cuenta con los recursos naturales, la experiencia industrial y la posición geoestratégica necesarios para desempeñar un papel protagónico en esta transformación energética global.

De acuerdo con Olade, Europa se perfila como uno de los principales motores de la demanda mundial de SAF. La normativa europea establece mezclas obligatorias crecientes, que escalan del 2% del año pasado hasta el 70% en 2050, generando así una señal de demanda sostenida en el largo plazo, un factor decisivo para atraer inversión y consolidar el desarrollo industrial en las regiones productoras.

La Asociación Internacional de Transporte Aéreo (IATA) estima que la industria necesitará alrededor de 500 millones de toneladas de SAF a nivel mundial para alcanzar la meta de cero emisiones netas de carbono en 2050, un desafío mayúsculo que posiciona a la sostenibilidad como el eje central del futuro de la aviación comercial.

Una oportunidad para el desarrollo sostenible regional

Más allá del componente energético, el crecimiento de esta industria abre una ventana estratégica para que América Latina impulse su desarrollo económico bajo un modelo bajo en carbono, fortalezca su liderazgo en bioeconomía y consolide alianzas internacionales orientadas a la descarbonización del transporte aéreo, uno de los sectores con mayores desafíos ambientales a nivel global.

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