El teléfono, esa herramienta que durante décadas fue el corazón de la venta en turismo, atraviesa una crisis silenciosa entre los viajeros más jóvenes. La Generación Z y los millennials muestran una resistencia creciente a realizar o atender llamadas, un fenómeno que las agencias de viajes ya no pueden pasar por alto si quieren conquistar a este segmento de clientes cada vez más determinante en la demanda turística.
En un negocio donde buena parte de la venta se sostiene en la comunicación directa entre el pasajero y el agente, esta tendencia obliga a repensar por completo los canales de atención y los procesos comerciales tradicionales.
Los números que explican el fenómeno
Una encuesta realizada por la aplicación británica RiseGuide reveló que la Generación Z y los millennials no responden aproximadamente el 42% de las llamadas que reciben. A esto se suma que el 58% de los consultados admite preparar previamente lo que va a decir antes de sostener una conversación telefónica, un comportamiento vinculado a la denominada ansiedad telefónica.
Esta incomodidad frente a la llamada en vivo lleva a un número creciente de jóvenes a inclinarse por canales escritos como WhatsApp, chats, correo electrónico o mensajes directos en redes sociales. El estudio también arrojó un dato relevante para el negocio: una parte significativa de los encuestados aseguró haber perdido oportunidades profesionales o comerciales simplemente por no atender una llamada.
Qué significa esto para las agencias de viajes
Para el sector, esta transformación no implica eliminar el contacto telefónico, sino comprender que ya no es la primera opción para una porción cada vez mayor de los clientes. Una llamada inesperada puede percibirse como invasiva, mientras que un mensaje previo le permite al viajero responder en el momento que le resulte más conveniente.
Adaptarse a este nuevo comportamiento implica, entre otras cosas, ofrecer cotizaciones claras por escrito, dar seguimiento a través de mensajería instantánea, habilitar la posibilidad de reservar turnos para llamadas y garantizar respuestas ágiles en los canales digitales. También cobra relevancia comunicar desde el primer contacto qué medios se utilizarán para informar cambios, vencimientos o situaciones urgentes, generando así previsibilidad y confianza desde el inicio de la relación comercial.
El desafío: personalización sin imponer incomodidad
El gran reto para las agencias consiste en preservar la atención personalizada que históricamente distinguió al agente de viajes, sin forzar al cliente a utilizar un canal que le genera rechazo. En operaciones complejas, emergencias o modificaciones de último momento, la llamada telefónica sigue siendo una herramienta eficaz, pero funciona mejor cuando fue acordada previamente con el pasajero.
La tendencia también plantea un límite claro: la automatización no puede reemplazar por completo el vínculo humano. Los viajeros jóvenes valoran la inmediatez de los canales digitales, pero continúan necesitando asesoramiento experto, seguridad y capacidad de respuesta ante imprevistos, elementos que siguen siendo el verdadero valor agregado de una agencia de viajes frente a la compra directa online.
En definitiva, el desafío para la industria turística no es tecnológico sino cultural: entender que la confianza con la Generación Z se construye hoy a través de la escritura, la rapidez y la transparencia, sin perder de vista que el asesoramiento humano sigue siendo insustituible en los momentos que realmente importan.


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