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31 agosto, 2026
Tayén, Mendoza, Longevity Wine Destination

Vino, longevidad y negocio inmobiliario: la apuesta millonaria de Mendoza que promete —pero todavía no demuestra— ser única en Latinoamérica

Mendoza vuelve a mirar hacia adelante, y esta vez lo hace con una apuesta que combina dos tendencias globales en pleno auge: la economía de la longevidad y el real estate experiencial. La provincia busca posicionarse como pionera en la región con el primer “Longevity Wine Destination” de Latinoamérica, un proyecto que promete unir hospitalidad, gastronomía, cultura vitivinícola y bienestar bajo un mismo techo. La pregunta que queda flotando, sin embargo, es si el concepto está a la altura de la ambición que lo anuncia, o si se trata —como tantas otras veces en el negocio inmobiliario premium— de una promesa que todavía necesita convertirse en resultados concretos.

Tayén: el proyecto que quiere fusionar vino y bienestar en el Valle de Uco

El emprendimiento se llama Tayén —del verbo mapuche que significa “fluir, transformarse y salir”— y se levantará en Estancia Atamisque, en pleno Valle de Uco, al pie de la Cordillera de los Andes. Según sus desarrolladores, el proyecto ocupará más de 1.000 hectáreas de la histórica estancia, con una primera etapa de 4.000 metros cuadrados que incluirá un hotel con 18 lodges de lujo, un Centro Luxury Wellness, Fitness & Recovery, propuestas gastronómicas ligadas al vino y al territorio, experiencias “in & out”, espacios para encuentros corporativos y una programación diseñada para “acompañar procesos de transformación personal”. La apertura está prevista para 2028, es decir, dentro de más de dos años, un plazo que en el rubro inmobiliario y hotelero suele estar sujeto a ajustes, demoras y revisiones de escala.

Ramiro Alonso, Founder & Chief Revenue Officer de RGR Group Developers —la firma detrás de Tayén— resume la filosofía del proyecto con una frase que apunta más al espíritu que a la arquitectura: “Durante años aprendimos a medir el tiempo, a llenarlo y a hacerlo rendir. Sin embargo, cada vez más personas empiezan a preguntarse cómo quieren vivirlo”.

Los números que sostienen la tesis del negocio

Detrás del relato conceptual hay una lectura de mercado que no es menor. La economía de la longevidad crece en todo el mundo: según datos de organizaciones estadounidenses como AARP y Brookings, las personas mayores de 50 años ya generan un tercio del PBI global y explican más del 40% del consumo mundial. A esto se suma que la economía del bienestar superó los 6,8 mil millones de dólares en 2024, según el Global Wellness Institute, ubicándose por encima del turismo y la tecnología entre las industrias más relevantes del planeta, con una proyección de alcanzar los 9,8 mil millones de dólares hacia 2029. Dentro de ese universo, el real estate de bienestar es el segmento de mayor crecimiento, con una expansión anual del 19%, mientras que el turismo del bienestar superó los 1.000 millones de dólares en 2024 y apunta a los 1.400 millones en 2027.

En la Argentina, el terreno demográfico también empuja en esa dirección: según el Indec, el 15,7% de la población ya tiene 60 años o más (Censo 2022), proporción que superará el 20% hacia 2040, con una esperanza de vida proyectada de 83 años para las mujeres y 78,7 para los varones. Son cifras que explican por qué el segmento longevity empieza a mirarse como una oportunidad de negocio real y no como una moda pasajera.

El concepto de healthspan: la distancia entre vivir más y vivir mejor

Uno de los pilares conceptuales de Tayén es el healthspan, es decir, la extensión de los años vividos con salud y no simplemente la cantidad de años acumulados. La Organización Mundial de la Salud estima una esperanza de vida global de 72,5 años, frente a apenas 63,3 años de vida saludable, una brecha de casi una década que el McKinsey Health Institute traduce en una estadística elocuente: por cada año de vida que la humanidad gana, alrededor de seis meses transcurren en mala salud.

Para Alonso, achicar esa brecha no depende únicamente de la medicina. “La evidencia científica muestra que factores como la nutrición, el movimiento, el descanso, el manejo del estrés y la calidad de los vínculos son determinantes para sostener una vida activa e independiente durante más tiempo”, explica, en un discurso que conecta directamente con el proceso de envejecimiento poblacional que atraviesa la Argentina.

Un modelo de negocio que apuesta a la participación, no solo al ladrillo

Más allá del relato de bienestar, Tayén introduce una variante poco explorada en el real estate argentino: una estructura de participación accionaria dentro de un esquema operativo integrado, que permite a los inversores ser parte activa del crecimiento y funcionamiento del sistema, y no simples compradores de metros cuadrados. Es un modelo que corre en paralelo a una tesis más amplia que Alonso plantea sin rodeos: “El futuro del desarrollo inmobiliario está en la construcción de ecosistemas integrados. Ya no alcanza con desarrollar un activo; el verdadero desafío es crear sistemas vivos capaces de generar experiencias, comunidad y valor de manera sostenida”.

Entre la ambición y la comprobación: lo que falta ver

El anuncio de Tayén se apoya en una lectura de mercado sólida y en cifras globales que efectivamente respaldan el crecimiento de la economía de la longevidad y el turismo del bienestar. Sin embargo, el título de “primer Longevity Wine Destination de Latinoamérica” es, por ahora, una aspiración más que un hecho consumado: el proyecto todavía no está construido, la apertura recién llegará en 2028, y el mercado del enoturismo de lujo en la región —con Mendoza, Valle de Uco y regiones como el Maule chileno compitiendo por el mismo público de alto poder adquisitivo— ya cuenta con propuestas consolidadas de bodegas boutique, spas vínicos y hotelería de altísimo nivel que llevan años operando.

La verdadera prueba para Tayén no estará en el marketing conceptual ni en la solidez de las cifras macro que lo respaldan, sino en la ejecución: si logra sostener en el tiempo la promesa de integrar salud preventiva, gastronomía, movimiento y comunidad en un mismo ecosistema, o si termina siendo, como tantos desarrollos “experienciales”, una oferta de lujo más dentro del ya saturado mapa del turismo premium mendocino. Mendoza tiene el terruño, el paisaje y la trayectoria vitivinícola para respaldar la apuesta. Lo que todavía le falta demostrar es que puede traducir ese capital simbólico en una experiencia diferencial, sostenible y verificable en el tiempo.

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