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1 septiembre, 2026
Maratón en Argentina, sin especificaciones, foto realizada con IA

Turismo deportivo: la nueva industria que está reconfigurando el mapa turístico argentino

De los Juegos Suramericanos de Santa Fe a la Copa Davis en Neuquén, pasando por el Superclásico porteño: cómo el país se subió a una tendencia mundial que ya mueve billones de dólares y promete cambiar la forma de viajar durante la próxima década

El turismo ya no se mide solo en playas, montañas o circuitos culturales. Hoy, una carrera de aguas abiertas, un Grand Slam de tenis o un mundial juvenil pueden llenar tantos hoteles como una temporada de verano completa. Ese fenómeno tiene nombre propio —turismo deportivo— y en Argentina dejó de ser una curiosidad de nicho para convertirse en política de Estado en varias provincias.

No se trata de una moda pasajera. A nivel global, distintos informes del sector ubican al turismo deportivo entre los segmentos de mayor crecimiento dentro de la industria de viajes, con proyecciones que lo llevarían a mover más de un billón de dólares hacia el final de la década. En la región, Argentina aparece señalada como uno de los mercados con mayor ritmo de expansión proyectado, apalancado por eventos internacionales de calendario y por una agenda propia cada vez más densa. La lógica es simple y contundente: quien viaja para ver un partido, una carrera o un torneo gasta, en promedio, bastante más por día que un turista tradicional, se queda más noches y suele volver.

Ese último dato no es un detalle menor. Es, de hecho, el corazón de la estrategia que hoy despliegan al menos tres jurisdicciones argentinas —Ciudad de Buenos Aires, Santa Fe y Neuquén— cada una con su propio enfoque, pero con un objetivo común: usar el deporte como puerta de entrada a un turista que gasta más, se queda más tiempo y, si la experiencia lo convence, regresa.

Buenos Aires: la vidriera de los grandes eventos

La Ciudad de Buenos Aires construyó, a lo largo de los últimos años, un calendario deportivo que combina clásicos locales con citas internacionales de primer nivel: el Superclásico, partidos de Copa Libertadores y Copa Sudamericana, el Abierto Argentino de Polo, el ATP de Buenos Aires y la Maratón Internacional, entre otros. A ese repertorio se suma un espaldarazo simbólico de peso: la distinción de la capital como Capital Mundial del Deporte 2027, que el Ente de Turismo porteño interpreta como una oportunidad concreta para reforzar el posicionamiento internacional del destino.

Para su presidente, Valentín Díaz Gilligan, el valor de estos eventos excede largamente a la competencia deportiva en sí. Según explicó a Mensajero Turístico, tanto los deportistas y sus delegaciones como los espectadores que viajan para presenciar cada cita terminan siendo usuarios intensivos de hotelería, gastronomía y otros servicios porteños, generando un derrame económico que se activa antes del evento, se sostiene durante su desarrollo y continúa después de que las luces del estadio se apagan.

La infraestructura acompaña esa ambición: el Estadio Más Monumental, La Bombonera, el Autódromo Oscar y Juan Gálvez, el Buenos Aires Lawn Tennis Club y el Parque Olímpico conforman un mapa de escenarios que reciben competencias durante todo el año. Sobre esa base, la Ciudad apunta ahora más alto: la llegada del MotoGP y la posibilidad de retomar estándares que permitan el regreso de la Fórmula 1 forman parte del plan. La reciente exhibición de Franco Colapinto, que convocó a más de 600 mil personas, funcionó como prueba de concepto de la capacidad porteña para absorber eventos de escala masiva.

Santa Fe y la apuesta más ambiciosa del país

Si Buenos Aires construyó una vidriera, Santa Fe diseñó una política de Estado. Según describe la secretaria de Turismo provincial, Marcela Aeberhard, la decisión tomada desde el inicio de la gestión del gobernador Maximiliano Pullaro fue clara: convertir al turismo deportivo en una herramienta federal capaz de movilizar visitantes, fortalecer instituciones, dinamizar las economías regionales y generar empleo durante los doce meses del año, no solo en la temporada alta.

Esa visión se plasma en la Copa Santa Fe, una competencia multidisciplinaria que en 2025 reunió doce disciplinas distintas y que en 2026 continúa expandiéndose: solo su edición de golf convocó a 3.700 jugadores provenientes de 21 clubes repartidos en 19 ciudades de la provincia. A eso se suma un calendario internacional cada vez más nutrido, que incluye el Mundial Juvenil de Aguas Abiertas en la capital provincial, el Mundial de Flat Track en Totoras —la primera edición de la disciplina fuera de Europa—, jornadas de paramotor y paratrike en Cayastá y Gálvez, y la tradicional Maratón Acuática Internacional Santa Fe-Coronda.

El punto más alto de esa estrategia llegará entre el 12 y el 26 de septiembre, cuando Rosario, Santa Fe capital y Rafaela sean sede de los XIII Juegos Suramericanos Santa Fe 2026, el evento deportivo internacional más importante en la historia provincial. Más de 4.000 atletas de 15 países competirán en 43 deportes y 60 disciplinas, en un despliegue que —según Aeberhard— ya empezó a sentirse mucho antes de la ceremonia inaugural, en las escuelas, los clubes, los espacios públicos y la gastronomía de cada localidad involucrada en la preparación.

Las cifras que maneja la provincia son elocuentes: se proyectan más de 2 millones de espectadores en los distintos escenarios deportivos, 1,5 millones de participaciones en los Fan Fest y un derrame económico total estimado en 402.000 millones de pesos. De ese total, 47.000 millones corresponderían a alojamiento —con una ocupación hotelera promedio proyectada del 93%—, 185.000 millones al gasto de turistas que pernoctan en la provincia y 170.000 millones al de excursionistas y visitantes de un día. Aeberhard subraya que el impacto no se agota en los quince días de competencia: incluye inversión en infraestructura, compras de la organización, generación de empleo, capacitación de recursos humanos y la posibilidad de captar nuevos eventos internacionales en los años siguientes.

Para sostener ese nivel de exigencia, Santa Fe destinó más de 90 millones de dólares a infraestructura deportiva, con financiamiento de la CAF y del Tesoro provincial. El paquete incluye villas deportivas, el estadio del CARD, un centro de tiro en Recreo y velódromos, además de equipamiento internacional que quedará como capacidad instalada bajo estándares de sostenibilidad ISO 20121, es decir, pensado para seguir generando eventos —y turismo— mucho después de que se apague la llama de los Juegos.

La estrategia territorial también fue pensada con cuidado: cada sede funcionará como puerta de entrada hacia el resto de la provincia. Rosario combinará su oferta cultural, fluvial y futbolera con el Invencible Arena y la Villa Suramericana; Santa Fe capital conectará su identidad litoraleña con Recreo, Rincón, Cayastá y el corredor costero; y Rafaela proyectará el impacto hacia la región centro-oeste a partir de su nuevo estadio multipropósito. A eso se suma una apuesta gastronómica propia, el “Menú de los Juegos”, que reúne a los Sabores del Río, la Pizza Santa Fe y la Picada Santafesina como embajadores de identidad culinaria provincial.

Neuquén: fidelizar al turista deportivo

En la Patagonia, Neuquén encontró en el turismo deportivo una herramienta de desarrollo regional con un doble objetivo: atraer visitantes durante todo el año y convertirlos, más adelante, en turistas recurrentes. La próxima realización de la Copa Davis es, sin dudas, el hito de mayor proyección internacional en el calendario provincial, pero conforma apenas una pieza de un cronograma mucho más amplio de competencias distribuidas en distintos puntos del territorio.

Carreras como Patagonia Run, junto con pruebas de 42K y 21K, atraen no solo a corredores sino también a sus acompañantes, generando en varios casos estadías prolongadas. El presidente de NeuquénTur, Gustavo Capiett, explicó a Mensajero Turístico que existen carreras con una convocatoria tan alta que los participantes permanecen en el destino durante una semana completa, un patrón de consumo muy distinto al de un turista tradicional.

Aunque medir el impacto económico exacto de cada competencia resulta complejo, Capiett fue categórico al describir el efecto agregado: cada evento, según su escala y su lugar, termina moviendo la economía local. Y agregó un dato que ilustra por qué el segmento resulta tan atractivo para los destinos: un turista de eventos gasta, en promedio, el doble por día que un turista convencional.

Pero el verdadero objetivo, coinciden en la provincia, va más allá del gasto inmediato. Se trata de convertir la primera visita —motivada por una competencia— en el punto de partida de una relación más larga con el destino. Capiett lo resumió con una idea simple: cuando el lugar gusta y la atención fue buena, el visitante vuelve, esta vez con la familia. Ese regreso, sin presión de cronograma deportivo ni de resultado, es en definitiva la promoción más efectiva y menos costosa que puede lograr un destino.

La infraestructura neuquina también evoluciona en esa dirección: la renovación del estadio Ruca Che amplió su capacidad a unos 3.500 espectadores y ya tiene antecedentes como sede de básquet y vóley, mientras avanza el proceso de licitación de una nueva arena en la capital provincial que ampliaría todavía más la oferta de escenarios disponibles.

Un fenómeno que excede las fronteras argentinas

La apuesta argentina no ocurre en el vacío. Se inserta en una tendencia global que este mismo año encuentra su mayor catalizador en la Copa Mundial de la FIFA 2026, organizada entre Estados Unidos, México y Canadá, y que según estimaciones del sector podría atraer a más de un millón de visitantes internacionales solo por el torneo, con picos de ocupación hotelera que en mundiales anteriores superaron el 85% en las ciudades sede. Las agencias de viajes de la región ya reportan incrementos de reservas de dos y hasta tres dígitos hacia los países organizadores, un anticipo de la escala que puede alcanzar un evento deportivo bien planificado.

En ese contexto, la posición de Argentina resulta doblemente favorable: además de contar con un calendario propio cada vez más robusto, el idioma compartido con buena parte de los destinos deportivos de mayor auge —España, México y el resto de Iberoamérica— reduce la fricción logística y cultural para los viajeros locales, algo que rara vez ocurre para turistas de otras regiones del mundo. Esa ventaja competitiva, sumada al ritmo de crecimiento proyectado para el mercado argentino, explica por qué cada vez más provincias miran al deporte no como un gasto, sino como una inversión en desarrollo turístico de largo plazo.

Una estrategia pensada para durar

Lo que distingue a esta nueva generación de políticas de turismo deportivo no es solo su capacidad de generar picos de ocupación puntuales, sino su vocación de dejar algo detrás: infraestructura reutilizable, capacidades organizativas, posicionamiento internacional y, sobre todo, una cartera de visitantes que —si la experiencia fue buena— vuelve por motivos completamente distintos a los que motivaron el primer viaje.

Aeberhard lo planteó con una frase que bien podría sintetizar el espíritu de todo el sector en el país: los Juegos durarán apenas quince días, pero su legado deberá acompañar a la provincia durante décadas, traducido en más deporte, más turismo, más empleo y una comunidad cada vez más integrada y reconocida en el plano internacional. Esa misma lógica, con distintas escalas y protagonistas, es la que hoy empuja a Buenos Aires, Santa Fe y Neuquén a competir —literalmente— por un lugar en el calendario deportivo mundial.

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