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5 agosto, 2026
Trufas en Chillar y Espartillar, provincia de Buenos Aires

Trufiturismo bonaerense: una cacería de diamantes negros entre sierras y campos

La trufa negra (Tuber melanosporum) se forma en las raíces de árboles como robles, encinas y avellanos, siempre bajo tierra, invisible a simple vista. Para encontrarla, no alcanza con mirar: hay que oler. La búsqueda se realiza con perros especialmente entrenados, capaces de detectar el aroma único de las trufas y señalar el punto exacto donde se esconden. Luego, con una pala trufera y mucho cuidado, el recolector extrae a mano cada pieza, como si desenterrara un pequeño tesoro.

Una vez fuera de la tierra, cada trufa se limpia, se cepilla y se lava para poder clasificarla. Se evaluarán forma, peso, grado de madurez y posibles marcas o daños, todo lo que finalmente definirá su categoría comercial y su precio. El resultado es un producto que puede variar de tamaño y aspecto, pero que siempre despierta curiosidad y fascinación: un hongo que vive en la oscuridad, bajo las raíces, y que se transforma en protagonista de platos de alta cocina.

En invierno, de junio a agosto, cuando la trufa alcanza su punto ideal, los campos truferos bonaerenses abren sus tranqueras para que el público pueda ver de cerca este proceso. Es la temporada de “cazar trufas”: caminar entre hileras de árboles, seguir el ritmo de los perros, sentir el momento en que señalan el lugar preciso y presenciar cómo, con paciencia, el recolector levanta el diamante negro de la tierra. Es naturaleza, gastronomía y campo argentino, en una misma escena.

Chillar: mameluco mitos en plena campiña bonaerense

En Chillar, un pueblo de poco más de 3.000 habitantes en el partido de Azul, se encuentra Trufas La Esperanza, uno de los proyectos pioneros de truficultura en la Argentina. En este campo, la tradición del cultivo de trufas llegó de la mano de socios de origen francés y se transformó, con los años, en una combinación singular de producción y turismo.

Las visitas se realizan de 13 a 16 y comienzan con una charla introductoria sobre el cultivo de trufas: cómo se preparan los campos, qué árboles se utilizan, cuánto tiempo lleva que un árbol comienza a producir y qué cuidados requiere el sistema. Luego llega el momento más esperado: el recorrido a pie por la plantación para ver en acción a los verdaderos protagonistas de la jornada, los perros buscadores. Simbad y Flash, dos labradores negros, y un ovejero belga del adiestrador son los encargados de detectar el aroma de las trufas enterradas y marcar el punto exacto donde se ocultan.

La experiencia no se queda en la demostración técnica. El visitante participa del proceso, observa cómo se extrae la trufa con sumo cuidado y cómo se limpia para ser evaluada. Al finalizar, llega el costado más sabroso de la propuesta: la posibilidad de degustar pizzas napolitanas trufadas y de comprar productos como alfajores, conitos, miel trufada y otros elaborados que acercan este ingrediente, muchas veces percibido como inaccesible, a la mesa cotidiana.

Uno de los objetivos de La Esperanza es justamente derribar el mito de que la trufa es un producto imposible. Con muy pocos gramos se puede transformar un plato, y el visitante descubre que consumir trufa no es patrimonio exclusivo de la alta gastronomía. Las próximas fechas de visita ya están agendadas: 25 de julio, 9 de agosto, 15 de agosto y 5 de septiembre, con un plus especial el 9 de agosto, cuando la experiencia se suma al Festival de la Trufa Negra, una celebración que combina actividades en la Plaza San Martín del pueblo y en la trufera.

Quienes llegan hasta Chillar suelen hospedarse en Azul, la cabecera del partido, a unos 60 kilómetros. Esa combinación permite disfrutar la calma de un pueblo pequeño, vivir una jornada de campo distinta y sumar una noche en una ciudad con oferta de servicios y gastronomía.

Espartillar: trufas del Nuevo Mundo y sábados de campo gourmet

Más al sudoeste de la provincia, en Espartillar, partido de Saavedra, se encuentra Trufas del Nuevo Mundo, otro emprendimiento que convierte la truficultura en una experiencia turística completa. El campo, de 50 hectáreas, comenzó a trabajar con trufas en 2011 y encontró sus primeras piezas el 4 de agosto de 2016 gracias al olfato de Tina, una perra que descubrió trufas de 69 y 236 gramos, un ejemplo perfecto de lo imprevisible que puede ser este cultivo.

Las visitas se realizan todos los sábados de julio y agosto, con programas que van de 10 a 13 y se reservan con anticipación. La jornada arranca con un recorrido por las plantaciones para ver cómo es la recolección artesanal: se sigue el trabajo de los perros cazadores —Lola, Soria, Marilyn, Sandro y Sancho— mientras olfatean el suelo y marcan la presencia de trufas bajo algunos de los más de 20.000 árboles implantados. Cada extracción requiere precisión y paciencia para evitar romper la trufa, que ha tardado años en formarse.

Tras la búsqueda, la experiencia continúa con una degustación completa: entrada, plato principal y postre, todos con trufa como protagonista. Es la oportunidad de entender cómo se integra este hongo a la cocina, cómo se trabaja su aroma y su sabor, y por qué se lo considera uno de los ingredientes más codiciados de la gastronomía mundial. La propuesta tiene un valor acorde al producto y al programa que ofrece, con tarifas diferenciadas para menores.

En Espartillar y sus alrededores hay múltiples opciones de alojamiento: se puede pernoctar en el mismo pueblo o elegir destinos cercanos como Pigüé, Carhué, Guaminí o Coronel Suárez. Además, la cercanía con Sierra de la Ventana —a poco más de una hora y media— abre la posibilidad de combinar trufiturismo con escapadas serranas, trekking, paisaje y otras experiencias de naturaleza.

Un nuevo turismo de invierno en la provincia

La propuesta de trufiturismo en Chillar y Espartillar suma una nueva capa a la oferta de invierno de Buenos Aires. Ya no se trata solo de termas, sierras o escapadas de campo: ahora también es posible vivir una jornada de cosecha de diamantes negros, aprender cómo se cultivan, acompañar a los perros en la búsqueda, tocar la tierra que los protegidos y, al final del día, sentarse a la mesa para probarlos.

Es un turismo que combina campo y alta gastronomía, curiosidad y aprendizaje, experiencia sensorial y relación productiva. Para muchos visitantes, es la primera vez que ven una trufa en su estado natural y que comprenden todo lo que hay detrás de un pequeño fragmento que llega a un plato gourmet. Para los pueblos involucrados, es una posibilidad concreta de diversificar su economía, atraer nuevos públicos y consolidarse en el mapa turístico bonaerense con una propuesta diferente y de alto valor agregado.

Quien se anime a este nuevo turismo de invierno encontrará algo más que una excursión. Encontrarás historias de paciencia y de trabajo, perros que convierten su olfato en herramienta de producción, productores que abren sus campos para compartir lo que hacen y un producto que, por unas horas, deja de ser un misterio europeo para convertirse en experiencia bien bonaerense.

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