La ciudadela inca renovó su título en los World Travel Awards y el país sumó cinco reconocimientos más. Detrás del trofeo hay una cifra récord de visitantes extranjeros, un nuevo sistema de entradas y un desafío que el premio no resuelve: cuidar una maravilla que cada vez más gente quiere ver.
Hay lugares que no necesitan presentación y, aun así, siguen ganando concursos. Machu Picchu acaba de ser elegida, por novena vez, Atracción Turística Líder de Sudamérica en la edición regional de los World Travel Awards, conocidos en la industria como los Oscar del turismo. La noticia no sorprende, pero la regularidad sí impresiona: la ciudadela ganó esta categoría en cada edición desde 2018.
Una noche redonda para Perú
El país no se fue de la ceremonia con un solo trofeo. Perú recibió seis distinciones en la edición sudamericana, después de competir en 21 categorías, la mayor cantidad de nominaciones de su historia en este certamen. Además del premio a Machu Picchu, fue elegido Destino Líder de Sudamérica, Destino Culinario Líder, Destino Cultural Líder, Destino de Naturaleza Líder y Líder en Contribución al Turismo Sostenible.
Es un resultado que encaja con la estrategia de posicionamiento que el país viene sosteniendo: vender no solo un monumento, sino una combinación de gastronomía, patrimonio, paisaje y biodiversidad. Para los operadores de la región, el mensaje es claro: Perú ya no compite solo con una postal.
Un título que se repite, pero que no es lo mismo que el mundial
Conviene aclarar un detalle que suele confundirse. El premio sudamericano y el mundial son categorías distintas. En 2025, Machu Picchu también obtuvo el título de Atracción Turística Líder del Mundo, que se disputa en otra fase del certamen y contra rivales de todos los continentes. La victoria de este año corresponde únicamente al ámbito regional.
Tampoco está de más recordar cómo funcionan estos galardones. Se definen por votación de profesionales de la industria y del público, por lo que reflejan popularidad y capacidad de movilizar apoyos, no una auditoría de calidad o de gestión. Son un indicador útil de reputación y una herramienta de promoción, pero no sustituyen otros parámetros, como la conservación del sitio o la experiencia real del visitante.
Por qué sigue siendo imbatible
Cuesta encontrar un competidor con una combinación equivalente de historia y escenografía. La ciudadela fue levantada en el siglo XV, durante el gobierno del inca Pachacútec, y reúne templos, plazas, terrazas agrícolas, fuentes y sistemas de drenaje que todavía hoy sorprenden por su ingeniería. Fue declarada Patrimonio Cultural y Natural de la Humanidad por la Unesco el 9 de diciembre de 1983, y el 7 de julio de 2007 se sumó a la lista de las siete nuevas maravillas del mundo.
El valor del lugar no se agota en las piedras. El Santuario Histórico de Machu Picchu abarca 32.302,5 hectáreas de bosque nublado, entre los Andes y la Amazonía, donde viven orquídeas, aves y mamíferos como el oso de anteojos, el puma y el venado de cola blanca. Esa convivencia entre arqueología y naturaleza es lo que distingue al santuario de otros sitios y lo que explica la doble condición de patrimonio cultural y natural.
Los números detrás del premio
Los datos de visitantes cuentan una historia más matizada que el trofeo. En 2025, la ciudadela recibió 1.542.350 visitantes, por debajo de los 1.585.262 que registró en 2019, el último año previo a la pandemia. Sin embargo, el turismo extranjero superó por primera vez los niveles prepandemia, y en los primeros nueve meses de ese año los extranjeros representaron casi el 78% del total.
La contracara es el mercado interno. Los visitantes peruanos fueron unos 340.000 el año pasado, una cifra inferior a los 358.000 de 2024 y a la de antes de la pandemia. Es un recordatorio de que el éxito internacional convive con un turismo local que todavía no se recupera, un tema que interesa a cualquier destino que dependa de la demanda extranjera.
Cómo se visita hoy: cupos, circuitos y entradas
La gestión de los accesos es el aspecto que más cambió en los últimos años. El aforo diario se mantiene en 4.500 personas durante la temporada regular y en 5.600 en temporada alta. De ese total, 1.000 entradas se venden de forma presencial en Machu Picchu Pueblo, y el resto a través de la plataforma oficial del Ministerio de Cultura. Las visitas se organizan en circuitos y subcircuitos, con horarios de ingreso asignados, para distribuir mejor el flujo y proteger las zonas más sensibles.
A fines de septiembre se puso en marcha un nuevo mecanismo de venta directa, con un período de prueba de 30 días. La principal novedad es que desapareció la reserva previa de tres horas, que permitía bloquear cupos sin pagarlos y hacía que muchas fechas aparecieran agotadas sin estarlo. La autoridad indicó que el aforo y los precios no cambian y que los boletos ya emitidos siguen siendo válidos. Según la última información difundida, quedaban unos 2.000 boletos para octubre, 21.000 para noviembre y 56.000 para diciembre, de modo que conviene reservar con tiempo si se planea viajar a fin de año.
Cuándo ir y cómo llegar
La ciudadela se encuentra a unos 2.400 metros sobre el nivel del mar, y la mayoría de los viajeros pasan primero por Cusco, a más de 3.000, lo que hace recomendable un par de días de aclimatación. La temporada seca, de mayo a septiembre, ofrece los cielos más despejados, pero también las mayores multitudes. Entre noviembre y marzo llueven con frecuencia, aunque el paisaje está más verde y hay menos público.
El acceso habitual es en tren desde Ollantaytambo o Cusco hasta Machu Picchu Pueblo, y desde allí en bus por un camino de montaña hasta la entrada. Quienes prefieran llegar a pie pueden recorrer el Camino Inca, una ruta con cupos limitados que suele cerrar en febrero por mantenimiento y lluvias. En 2025, de hecho, estuvo cerrado durante algunas semanas por deslizamientos.
Más allá de la ciudadela
El premio también es una invitación a mirar el entorno. El Valle Sagrado de los Incas reúne sitios como Ollantaytambo, con su fortaleza y su trazado inca vivo, y Moray, con terrazas circulares usadas como laboratorio agrícola. Cusco ofrece su centro histórico y la fortaleza de Sacsayhuamán, mientras que los trekkings más exigentes llevan a lugares como Choquequirao, un complejo arqueológico de acceso complejo y mucho menos concurrido.
Para el viajero argentino, la logística es sencilla: no se requiere visa para ingresar a Perú y hay conexiones diarias con escala en Lima. Hay que sumar el seguro de viaje con cobertura médica y comprar las entradas únicamente por los canales oficiales, para evitar reventas.
El desafío que el trofeo no resuelve
Nueve premios consecutivos son un activo enorme de promoción, pero también un recordatorio de la presión que soporta el lugar. Cada aumento en el flujo de visitantes obliga a ajustar cupos, circuitos y servicios, y cada falla en el sistema de entradas se transforma en un reclamo inmediato. El título de mejor atracción de Sudamérica se mantiene mientras haya visitantes dispuestos a votar con sus pasajes, pero se sostiene en el largo plazo con una gestión que proteja la ciudadela, ordene el acceso y reparta mejor los beneficios entre las comunidades que viven alrededor.
Mientras tanto, Machu Picchu sigue haciendo lo que mejor sabe: salir primera sin hacer ruido, entre la niebla de la mañana y las piedras que, cinco siglos después, siguen en pie.


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