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26 octubre, 2026
Una pareja haciendo una degustación en Nueva Corinema, bodega familiar, en Mercedes, provincia de Buenos Aires.

Nueva Corinema: la increíble transformación de una vieja fábrica de ladrillos en un destino de vino, historia y experiencias cerca de Buenos Aires

A menos de 100 kilómetros de la Ciudad de Buenos Aires, Altamira guarda uno de esos lugares capaces de sorprender incluso a quienes creen conocer todos los secretos de la provincia. Una antigua fábrica de ladrillos, que durante décadas fue motor económico de la comunidad, renació entre viñedos, gastronomía, patrimonio industrial y propuestas turísticas. Así nació Nueva Corinema, un proyecto familiar que convierte las ruinas de un antiguo complejo fabril en una experiencia enoturística diferente.

Hay destinos que se construyen desde cero y otros que encuentran su mayor atractivo precisamente en aquello que el tiempo parecía haber condenado al olvido. En Altamira, partido de Mercedes, ocurrió esto último.

Entre calles tranquilas, antiguas construcciones y el paisaje rural bonaerense, las estructuras de la ex fábrica Corinema comenzaron a recuperar protagonismo gracias a un proyecto que combina vino, patrimonio, gastronomía, arquitectura, cultura y turismo rural.

El resultado es Nueva Corinema, un emprendimiento familiar que busca darle una nueva vida a un espacio que durante buena parte del siglo XX estuvo ligado a la producción de ladrillos y tejuelas y que hoy integra el creciente mapa del enoturismo de la provincia de Buenos Aires.

De fábrica emblemática a una nueva experiencia turística

La historia de Corinema está estrechamente vinculada con la propia evolución de Altamira.

La localidad nació alrededor de la actividad ferroviaria y posteriormente encontró en la producción frutihortícola y en la fábrica de ladrillos una importante fuente de empleo. Corinema llegó a convertirse en uno de los principales establecimientos productivos de la zona, con más de un centenar de trabajadores en su etapa de mayor actividad.

La fábrica comenzó a funcionar en 1947 y permaneció activa durante décadas, hasta su cierre definitivo en 1994. El final de la actividad industrial tuvo un fuerte impacto en la comunidad y contribuyó al éxodo de numerosos habitantes.

Con el paso de los años, las instalaciones quedaron abandonadas. Sin embargo, detrás de la vegetación y de las estructuras deterioradas permanecía un patrimonio industrial de enorme singularidad.

En 2021, el antiguo edificio de Corinema fue declarado de interés patrimonial del Partido de Mercedes, un reconocimiento que puso en valor la importancia histórica y arquitectónica del lugar.

Un año después comenzó una nueva etapa.

La familia Achilli adquirió el predio e inició un proceso de recuperación que no buscó borrar las huellas del pasado, sino incorporarlas al nuevo proyecto. El concepto fue conservar las estructuras existentes y transformar el espacio en un lugar donde la historia pudiera convivir con nuevas actividades.

De esa idea surgió Nueva Corinema.

Túneles, hornos y una chimenea que cuentan la historia

Uno de los grandes atractivos del complejo es precisamente aquello que podría haber sido considerado un problema: las ruinas.

Los antiguos túneles abovedados, los hornos de cocción y la imponente chimenea de aproximadamente 25 metros de altura forman parte de la identidad del establecimiento. No son una escenografía creada para el turismo: son vestigios reales de la antigua actividad industrial.

El conjunto posee además un elemento arquitectónico particularmente llamativo: un horno Hoffman de calor continuo, un sistema desarrollado en Europa durante el siglo XIX y utilizado históricamente para la fabricación de ladrillos y otros productos cerámicos.

La conservación de estas estructuras permite que la visita tenga una dimensión diferente. El visitante no solamente llega para beber una copa de vino o recorrer un viñedo: también puede acercarse a la historia productiva de un pequeño pueblo bonaerense y comprender cómo funcionaba una fábrica que durante décadas estuvo vinculada a la vida cotidiana de Altamira.

Es justamente esa combinación entre patrimonio industrial y vitivinicultura la que convierte a Nueva Corinema en una propuesta poco habitual dentro de las escapadas cercanas a Buenos Aires.

El viñedo que nació entre las ruinas

La transformación no quedó limitada a la recuperación de los edificios.

En 2023 comenzó la plantación de un viñedo experimental dentro del predio. El proyecto incorporó alrededor de 1.400 plantas de vid, con seis variedades: Malbec, Merlot, Pinot Grigio, Cabernet Franc, Sauvignon Blanc y Marselan.

La elección de las variedades responde a la intención de experimentar con el comportamiento de la vid en el suelo y las condiciones de Mercedes.

La vitivinicultura bonaerense atraviesa, de hecho, una etapa de crecimiento y diversificación. Mercedes se convirtió en uno de los territorios donde este fenómeno puede observarse con mayor claridad: actualmente el partido cuenta con cinco proyectos vitivinícolas activos que combinan producción y propuestas vinculadas al turismo. Cuatro de ellos se encuentran concentrados en un radio aproximado de ocho kilómetros en la zona de Altamira.

Ese crecimiento está modificando lentamente la manera en que se piensa una escapada a la región.

El vino deja de ser solamente un producto para transformarse en una puerta de entrada al territorio: permite conocer productores, paisajes rurales, gastronomía, historias familiares y pequeñas localidades que buscan desarrollar nuevas alternativas económicas sin perder su identidad.

El curioso desafío de producir vino sobre un antiguo terreno industrial

Uno de los aspectos más interesantes del proyecto es que el viñedo no se desarrolló sobre un terreno agrícola tradicional.

La superficie donde se plantaron las vides tenía una estrecha relación con la antigua actividad ladrillera. La recuperación del espacio demandó tareas de limpieza, acondicionamiento y preparación del terreno antes de que pudiera comenzar una nueva etapa productiva.

El resultado es una imagen poco frecuente: filas de vides creciendo junto a antiguas construcciones industriales, túneles y estructuras que pertenecieron a otra época.

Esa convivencia entre lo rural y lo industrial se convirtió en una de las principales características visuales de Nueva Corinema.

También explica el interés que despierta el lugar para quienes buscan propuestas turísticas diferentes cerca de la Capital Federal. No se trata de reproducir el paisaje clásico de las grandes regiones vitivinícolas argentinas, sino de construir una identidad propia desde el territorio bonaerense.

Vino, gastronomía y patrimonio en una misma visita

Nueva Corinema fue concebida como un espacio multifacético.

La propuesta contempla la posibilidad de combinar recorridos por el patrimonio fabril, visitas al viñedo, degustaciones y experiencias gastronómicas. El proyecto también avanzó hacia la creación de espacios destinados a recibir visitantes y desarrollar actividades culturales y eventos.

La gastronomía tiene un papel importante dentro de esta transformación. La idea es que el vino pueda disfrutarse vinculado con los productos y sabores de la región, generando una experiencia que vaya más allá de la tradicional degustación.

También se han realizado actividades culturales y encuentros especiales en el predio, aprovechando la particular arquitectura del lugar y su entorno rural. Las propuestas y fechas pueden variar, por lo que las visitas y eventos requieren consultar previamente la agenda disponible.

Un destino que se suma al crecimiento del enoturismo bonaerense

La aparición de Nueva Corinema no es un fenómeno aislado.

La provincia de Buenos Aires viene ampliando su oferta vitivinícola y turística, con emprendimientos que buscan demostrar que la producción de vino también puede desarrollarse en territorios alejados de las regiones tradicionalmente asociadas con la vitivinicultura argentina.

El catálogo provincial de viñedos incluye a Nueva Corinema entre las propuestas que combinan producción vitivinícola, patrimonio y turismo. La iniciativa forma parte de un proceso más amplio de desarrollo del programa Vinos Buenos Aires, que reúne emprendimientos de distintos municipios bonaerenses.

En Mercedes, esta transformación adquiere una dimensión especialmente interesante porque se suma a otros atractivos turísticos que ya forman parte de la identidad local: gastronomía, producción regional, fiestas populares, turismo rural y pequeños pueblos.

La posibilidad de recorrer varias propuestas vitivinícolas en una misma zona también abre la puerta a la creación de circuitos de fin de semana.

Altamira, el pueblo que recuperó su identidad a través del turismo

Para entender Nueva Corinema también hay que mirar a Altamira.

El pueblo forma parte del programa Pueblos Turísticos de la provincia de Buenos Aires y se encuentra a unos 95 kilómetros de la Ciudad de Buenos Aires. Su atractivo está precisamente en su escala pequeña, sus calles tranquilas, sus construcciones antiguas y una comunidad que encontró en el turismo una herramienta para recuperar actividad.

La antigua estación ferroviaria, los almacenes, los bodegones, la gastronomía regional y los nuevos emprendimientos vinculados al vino conforman un paisaje turístico que se aleja de los destinos masivos.

Aquí el viaje tiene otro ritmo.

La propuesta consiste en caminar, observar las construcciones antiguas, comer productos regionales, conocer las historias de los habitantes y descubrir cómo una localidad que sufrió el cierre de sus principales fuentes de empleo está intentando construir una nueva oportunidad a partir de su patrimonio.

En ese contexto, Nueva Corinema funciona como una de las piezas más singulares de esa transformación.

Una escapada diferente desde Buenos Aires

La cercanía con la Ciudad de Buenos Aires es otro de los factores que explican el interés turístico del lugar.

El acceso se realiza desde el Oeste bonaerense y luego por la Ruta Nacional 5, tomando el desvío correspondiente hacia Altamira. El recorrido permite combinar la visita con otros atractivos gastronómicos y rurales de Mercedes y sus alrededores.

Para quienes buscan una escapada de un día o un fin de semana, la zona permite armar un recorrido que combine vino, gastronomía, historia, arquitectura y campo sin necesidad de realizar un largo viaje.

Y allí aparece uno de los mayores valores de Nueva Corinema: no propone solamente visitar una bodega.

Propone entrar en una historia.

Caminar por un lugar donde durante décadas se fabricaron ladrillos, descubrir los túneles y los antiguos hornos, observar las vides creciendo donde antes funcionaba una industria y finalmente sentarse a disfrutar de una copa de vino.

Es una manera de viajar por el presente sin perder de vista el pasado.

El futuro de Nueva Corinema

El proyecto continúa desarrollándose por etapas. La recuperación de un conjunto industrial de estas características requiere tiempo, inversión y un cuidadoso trabajo de conservación.

La visión original contempla integrar progresivamente distintas áreas relacionadas con el turismo, la gastronomía, la producción vitivinícola y la hospitalidad. Entre las propuestas proyectadas se encuentra también un espacio de alojamiento rural, pensado para ampliar la posibilidad de convertir la visita en una estadía.

Mientras tanto, el lugar ya funciona como escenario de degustaciones, recorridos, encuentros, actividades culturales y eventos especiales.

En 2026, además, el crecimiento de Mercedes como territorio vitivinícola resulta cada vez más visible. La existencia de cinco proyectos activos y la concentración de varias bodegas en el entorno de Altamira permiten pensar en un circuito enoturístico con identidad propia.

Nueva Corinema ocupa allí un lugar particular.

No intenta ocultar las ruinas.

Las convierte en parte de la experiencia.

Y quizá esa sea la mejor manera de explicar por qué este rincón de Mercedes comienza a llamar la atención de quienes buscan nuevos destinos para escaparse desde Buenos Aires: donde alguna vez hubo una fábrica abandonada, hoy crecen vides, se descorchan botellas y vuelve a circular gente.

Una nueva postal turística de la provincia

La historia de Nueva Corinema es, en definitiva, la historia de una transformación.

Una antigua fábrica que alguna vez representó trabajo y prosperidad para Altamira atravesó décadas de abandono y hoy vuelve a tener una función dentro de la comunidad.

Pero esta vez el ladrillo comparte protagonismo con la vid.

Los viejos hornos conviven con nuevas cosechas. Los túneles industriales se transforman en espacios para descubrir vinos. Y el paisaje rural que rodea al pueblo comienza a formar parte de una experiencia turística que combina memoria y futuro.

Para Mercedes y para Altamira, el desafío pasa ahora por consolidar esta identidad sin perder la escala, la tranquilidad y el carácter auténtico que hacen atractivo al pueblo.

Para el viajero, queda una invitación sencilla: salir de las rutas turísticas habituales, recorrer el interior bonaerense y descubrir que, a menos de dos horas de Buenos Aires, también hay historias que se pueden beber, caminar y saborear.

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