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22 septiembre, 2026
Pareja en una playa en Espírito Santo, Brasil

Ni Río ni Florianópolis: el litoral brasileño que apuesta directo a conquistar a los argentinos

Cuando un argentino piensa en unas vacaciones de playa en Brasil, casi automáticamente aparecen los mismos nombres de siempre: Florianópolis, Río de Janeiro, Búzios, Porto Seguro. Brasil sabe eso, y por eso decidió mover una ficha distinta. El estado de Espírito Santo, con 400 kilómetros de litoral que hasta ahora quedaban prácticamente fuera del radar argentino, empieza una campaña puntual para instalarse como alternativa real dentro del mercado de viajeros que cruza la frontera cada verano.

La apuesta no es menor: se trata de un estado que combina playas urbanas, villas de pescadores centenarias, islas, montañas con inmigración italiana y una gastronomía que no se parece a ninguna otra región costera brasileña. Y para reforzar el mensaje, no llega sola: viene acompañada de un vuelo directo, una prueba comercial concreta que arranca en octubre.

Un litoral con nombre propio desde el siglo XVI

Vitória, la capital del estado, tiene una historia que se remonta a 1535, cuando el navegante Vasco Fernandes Coutinho desembarcó en la zona un domingo dedicado al Espíritu Santo, de ahí el nombre que terminó llevando toda la región. La ciudad se asienta sobre un archipiélago de 34 islas y alberga dos de los puertos más importantes de Brasil, una combinación que la convierte en una de las capitales más singulares del país, con playas urbanas, deportes náuticos y el manglar de Goiabeiras como uno de sus rincones más particulares.

Justo ahí, en Goiabeiras, trabajan las Paneleiras, artesanas que desde hace más de cuatro siglos elaboran a mano las tradicionales ollas de barro capixabas, sin usar ningún tipo de maquinaria y cocinándolas al aire libre sobre fogatas. La técnica fue declarada Patrimonio Cultural Inmaterial de Brasil, y no es un dato folclórico menor: esas mismas ollas son las que después se usan para preparar el plato más representativo de toda la región, la moqueca capixaba.

De Vila Velha a Anchieta: un rosario de playas distintas entre sí

Bajando por la costa, Vila Velha suma al Convento da Penha, construido en 1558 sobre un promontorio con vista al mar, y una curiosidad que conecta al turista argentino con algo bien conocido en las góndolas de cualquier supermercado: ahí nació la histórica marca de chocolates Garoto. Serra aporta 23 kilómetros propios de costa, mientras que Guarapari concentra más de 50 playas y se ganó el apodo de “ciudad salud” por las propiedades de sus arenas monacíticas. En 2024, además, fue distinguida como Capital Nacional de la Biodiversidad Marina, en gran parte gracias al arrecife Victory 8B, uno de los más grandes de toda América Latina, lo que la convirtió también en un punto de interés para el buceo y las excursiones marinas.

Más al sur, Anchieta suma otras 23 playas y conserva la marca del sacerdote jesuita que le da nombre, José Anchieta, figura clave del período colonial brasileño. Ahí aparece Iriri, un balneario de aguas tranquilas y cristalinas que los propios capixabas bautizaron, sin demasiada modestia, como el “Caribe capixaba”.

El sabor que define a toda una región

Si hay un plato que funciona como carta de presentación de Espírito Santo, es la moqueca capixaba. A diferencia de otras versiones brasileñas del mismo guiso, la receta capixaba no lleva leche de coco ni aceite de dendê: se prepara con pescado, frutos de mar, tomate, cebolla, cilantro, aceite y urucum, siempre dentro de esas ollas de barro que las Paneleiras siguen fabricando de la misma manera desde hace generaciones. Es, literalmente, un plato que se cocina en la historia del lugar.

Cuando el mar se convierte en montaña, a solo una hora de distancia

Lo que distingue a Espírito Santo de otros destinos de playa brasileños es lo rápido que cambia el paisaje apenas uno se aleja de la costa. En poco más de una hora de viaje, el litoral da paso a una región montañosa donde la inmigración italiana dejó una huella que todavía se nota en la arquitectura, las fiestas populares y, sobre todo, en la mesa. Venda Nova do Imigrante, reconocida oficialmente como Capital Nacional del Agroturismo, reúne fincas dedicadas a cafés especiales, quesos, embutidos, dulces y vinos artesanales, en un circuito pensado para pasar el día recorriendo productores en lugar de tumbarse en la arena.

Una de las experiencias que más repercusión viene teniendo en ese circuito es el Café do Jacu, de la Fazenda Camocim, una propuesta que mezcla producción cafetera de altura con historia local y que suele sorprender a quien llega pensando que Espírito Santo es solamente playa.

El vuelo que va a poner a prueba todo esto

Toda esta propuesta llega acompañada de un dato muy concreto para el mercado argentino: el 17 de octubre está previsto el primer vuelo directo entre Vitória y Buenos Aires, operado por Gol Linhas Aéreas con paquetes comercializados por CVC, con regreso programado para el 24 de octubre. El trayecto tendrá una duración estimada de tres horas y media, una distancia perfectamente manejable para un fin de semana largo o una escapada de una semana.

Se trata, por ahora, de una operación experimental: la idea es medir la respuesta real del público argentino antes de evaluar si esa conexión se transforma en un servicio regular a partir de la temporada 2026/2027. Es, en otras palabras, una prueba de mercado con fecha y horario concretos, algo mucho más contundente que una simple campaña de promoción en redes.

Por qué este movimiento le importa al viajero argentino

Para quien ya recorrió Florianópolis, Búzios o Porto Seguro más de una vez, Espírito Santo aparece como una alternativa con algo que escasea en los destinos brasileños más saturados: variedad concentrada en poco espacio. Playa urbana, buceo, patrimonio colonial, gastronomía propia y montaña con identidad italiana, todo a un máximo de una hora y media de distancia entre sí. Si el vuelo experimental de octubre confirma que hay demanda de este lado de la frontera, es muy probable que el nombre Espírito Santo empiece a sonar en las próximas temporadas con la misma naturalidad con la que hoy suenan Florianópolis o Río de Janeiro en cualquier charla de sobremesa sobre las próximas vacaciones.

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