En el sudoeste de la provincia de Buenos Aires, donde el río Quequén Salado llega al mar, hay una villa balnearia que el Censo 2022 contó con 215 habitantes permanentes. Se llama Marisol, pertenece al partido de Coronel Dorrego y queda a unos 300 kilómetros de Mar del Plata. También se la conoce como Balneario Oriente, por el pueblo más cercano. Nunca tuvo la fama de Pinamar ni de Villa Gesell, y buena parte de su atractivo viene de ahí.
Un lugar que Maradona eligió para desaparecer
Diego Maradona conoció la zona en 1983, cuando fue a un campo vecino a practicar caza. Volvió en los años 90, ya como destino de vacaciones. En los veranos de 1992 y 1994 pasó un mes entero en el balneario junto a Claudia Villafañe y sus hijas, Dalma y Gianinna.
En una entrevista de aquella época, grabada mientras jugaba al fútbol tenis en la playa con amigos, explicó que venía a reencontrarse con su familia. Dijo que le gustaban Mar del Plata y Pinamar, pero que ahora quería darle más lugar a su casa, y agregó que quería “conocer las cosas lindas de mi país”. Fue una elección deliberada: buscaba un lugar sin multitudes ni cámaras.
Los vecinos de entonces lo recuerdan en cosas simples, como los asados con amigos, los entrenamientos en la arena y los partidos de paddle en las canchas del pueblo. Sabían que no debían molestarlo cuando caminaba solo por la calle. El 23 de febrero de 1992 organizó un partido a beneficio en la cancha del club Quequén, en Oriente, para juntar fondos para la Unidad Sanitaria de la localidad. Todavía hoy es uno de los episodios que más se cuentan en la zona.
Quienes visitaron Marisol en los últimos años relatan otros rastros: una casa en los médanos a la que, según los vecinos, solo se llega en 4×4, un antiguo boliche que hoy funciona como fábrica de alfajores y un almacenero que conserva unos botines que le regaló Diego. Son testimonios de visitantes y vecinos, no datos oficiales, pero ayudan a dimensionar cuánto pesó esa presencia en un pueblo tan chico.
Cómo es el lugar hoy
Marisol es una villa de unas 16 calles de largo por 4 de ancho, de casas bajas, calles de ripio y bosques de álamos, tamariscos y eucaliptos que cierran el acceso como un túnel. Las guías turísticas le calculan entre 35 y 50 kilómetros de playa, según quién mida. En el extremo sur, el Quequén Salado desemboca en el Atlántico y arma un estuario con barrancas y médanos. En pocos metros hay dos ambientes: mar abierto y agua tranquila de río, aptos para deportes náuticos.
No es una playa de grandes balnearios. Tiene un parador con baños públicos y guardavidas en temporada, y servicios básicos como sala de primeros auxilios, destacamento policial, kioscos, confiterías y restaurantes. La propuesta es la contraria a la de la Costa Atlántica más concurrida: poca gente, mucha naturaleza y vida de pueblo. Los viajeros que lo recorrieron lo resumen así: si buscás fiesta y bares, andá a otro lado; si querés mar y silencio, vas a estar bien.
Qué hacer
- Pesca deportiva. Es el motivo principal de muchos visitantes. Se puede pescar desde la costa, embarcado con guías locales o en el río, donde aparecen pejerreyes, dientudos, bagres y chanchitas. Con la influencia del mar se suman corvinas, pescadillas, cazones y lenguados.
- Caminatas por la playa y los médanos, cabalgatas y travesías en 4×4.
- Deportes náuticos: kayak, windsurf y paseos por el estuario.
- Observación de aves. El río tiene más de 90 especies registradas.
- Mountain bike y trekking por las márgenes del Quequén Salado.
A pocos kilómetros: cascadas, cuevas y un puente histórico
A la altura del kilómetro 532 de la Ruta Nacional 3 está el acceso a la Cascada Cifuentes, considerada el salto de agua más alto de la provincia de Buenos Aires, con entre seis y ocho metros según el caudal. Se llega por un camino rural de unos cuatro kilómetros y un último tramo a pie, por sendero natural, así que conviene llevar calzado cómodo.
En la misma zona se pueden sumar la Cueva del Tigre, el Puente Viejo, los restos de una antigua usina y la cascada de Mulpunleufú. El circuito de Coronel Dorrego incluye además el Molino de Las Rosas, un ex molino harinero al que se cruza por un puente colgante.
Dónde alojarse
La oferta es acotada pero variada: campings arbolados, cabañas, casas y departamentos de alquiler, algún hotel y complejos con servicios. Hay campings que abren todo el año. En temporada alta, se recomienda reservar con anticipación, porque la capacidad es chica. Quien prefiera más infraestructura puede alojarse en Oriente o en la ciudad de Coronel Dorrego, que tiene hoteles para distintos presupuestos.
Cómo llegar
Marisol queda a unos 570 o 580 kilómetros de la Ciudad de Buenos Aires, a unos 300 de Mar del Plata y a unos 200 de Bahía Blanca. La ruta es la siguiente:
- Tomar la Ruta Nacional 3 hasta el kilómetro 530 o 531 y desviar hacia Oriente por la ruta provincial 72.
- Desde Oriente, seguir unos 22 kilómetros por un camino entoscado y de ripio hasta la entrada de la villa.
Desde Bahía Blanca hay una variante por la ruta provincial 72 pasando por Coronel Dorrego y Zubiaurre, más corta pero de tierra. Con lluvias, el camino de acceso se vuelve inestable. Antes de salir, conviene consultar el estado en la oficina de turismo del partido.
Cuándo ir
El verano concentra a los visitantes, y es cuando funcionan el parador y los guardavidas. En primavera y otoño el balneario es más silencioso, con menos servicios abiertos pero con mejor clima para caminar y pescar. Hay que ir con lo básico resuelto: combustible, efectivo y provisiones, porque la oferta comercial es chica.
Datos útiles
- Ubicación: partido de Coronel Dorrego, sudoeste bonaerense
- Población: 215 habitantes permanentes (Censo 2022)
- Distancias: unos 300 km de Mar del Plata, 570 a 580 km de CABA y unos 200 km de Bahía Blanca
- Acceso: RN 3, desvío a Oriente por RP 72 y 22 km de ripio
- Para quién: familias, pescadores, campistas y viajeros que buscan playas sin multitudes
- Para quién no: quienes esperan vida nocturna, balnearios con servicios completos o transporte público cómodo


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