Cuba aprobó un paquete de 176 reformas orientadas a flexibilizar su economía y frenar el deterioro de su industria turística, una de las más golpeadas por la crisis que atraviesa el país. La medida apunta a atraer capital externo, ampliar el margen de acción del sector privado y reordenar un sistema que durante décadas funcionó bajo un fuerte control estatal.
El plan, avalado por la Asamblea Nacional, marca el cambio más profundo desde la Revolución de 1959. Entre sus principales novedades, elimina la obligación de canalizar la inversión extranjera a través de empresas mixtas controladas por el Estado y habilita la posibilidad de que nuevos desarrollos hoteleros e inmobiliarios cuenten con capital foráneo de manera total.
La reforma también otorga mayor espacio a las mipymes y a los emprendedores cubanos, que podrán gestionar de forma autónoma actividades como agencias de viajes, servicios de guiado turístico y renta de autos. Se trata de rubros estratégicos que hasta ahora estaban concentrados casi por completo en manos de empresas estatales.
Otro cambio relevante es la autorización para que operadores privados y hoteleros importen insumos directamente, sin depender de intermediarios públicos. La decisión busca aliviar los problemas de abastecimiento que afectan la calidad de la oferta turística y complican la operación de hoteles, restaurantes y centros de ocio.
El paquete también introduce transformaciones en el sistema financiero. La apertura a la banca privada, junto con el impulso a plataformas digitales, pretende modernizar un esquema que ha quedado rezagado frente a las necesidades de inversión y consumo. A eso se suma la posibilidad de que miembros de la diáspora cubana compren propiedades y administren hoteles boutique en zonas históricas y patrimoniales.
Pese al alcance de las reformas, el desafío central seguirá siendo su aplicación efectiva. El turismo cubano continúa afectado por la caída de visitantes, la falta de conectividad aérea y la salida de operadores internacionales, factores que limitaron el desempeño del destino en los últimos años.
Aun así, el nuevo marco abre una oportunidad para reposicionar a Cuba en el mapa turístico regional. La flexibilización de precios, la mayor autonomía empresarial y la apertura hotelera podrían convertirse en herramientas clave para reactivar una actividad esencial para la economía nacional.


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