Entre julio y septiembre, los viajes de argentinos al exterior superaron en más de 900 millones de dólares lo que dejaron los extranjeros que nos visitaron. En lo que va del año, el rojo ya llega a US$ 2.631 millones. Y el problema no es solo cuánta plata sale, sino por qué.
Cada trimestre, el INDEC publica la misma foto con matices distintos: salen más dólares por turismo de los que entran. El tercer trimestre de 2026 no fue la excepción, y tiene un dato incómodo. Aunque viajaron menos argentinos y llegaron más extranjeros, el saldo empeoró respecto de un año atrás.
Los números del trimestre
Según la Encuesta de Turismo Internacional del INDEC, entre julio y septiembre el turismo emisivo (residentes que viajan afuera) gastó US$ 1.558,9 millones. El receptivo (extranjeros que vienen al país) dejó US$ 640,5 millones. La diferencia es un déficit de US$ 918,4 millones.
Comparado con los otros períodos, el cuadro queda así:
- Tercer trimestre de 2025: déficit de US$ 889,3 millones. El de este año es peor.
- Segundo trimestre de 2026: déficit de US$ 751,9 millones. El tercero lo superó.
- Enero a septiembre de 2026: entraron US$ 2.131,4 millones y salieron US$ 4.763,1 millones. Saldo negativo: US$ 2.631 millones.
En personas, el trimestre cerró con 609.400 turistas no residentes que ingresaron y 955.900 residentes que viajaron al exterior, una brecha de 346.500. Los extranjeros gastaron en promedio US$ 94,5 por día; los argentinos, US$ 103,8.
El dato que no se ve a primera vista
El número de viajeros mejoró. Los turistas extranjeros crecieron 18,5% frente al tercer trimestre de 2025 y las salidas de argentinos bajaron 7%. Pero el gasto cuenta otra historia. Haciendo la cuenta por persona (cálculo propio con los datos del INDEC), cada argentino que viajó gastó unos US$ 1.630 en el trimestre, contra unos US$ 1.425 un año antes, cerca de 14% más. Cada visitante extranjero gastó unos US$ 1.050, bastante menos que los US$ 1.115 del año pasado.
Es decir: viajan menos argentinos, pero los que viajan se llevan más dólares, y los extranjeros que llegan dejan menos por cabeza. Para el balance, esa combinación es la peor.
Un problema más grande que el turismo
La magnitud del rubro se entiende mejor mirando la balanza de pagos. En 2025, la cuenta “Viajes” registró una salida de US$ 12.072 millones y un ingreso de US$ 4.852 millones, con un déficit récord de US$ 7.221 millones. En el primer trimestre de 2026, el rojo turístico fue de US$ 3.184 millones, más del doble del déficit de toda la cuenta corriente del trimestre (US$ 1.651 millones). Dicho de otra manera, el turismo explicó por sí solo buena parte del desequilibrio externo.
Hay una salvedad técnica. La balanza de pagos y la encuesta del INDEC miden cosas distintas (la primera incluye compras y otros rubros), por eso las cifras no coinciden. Pero las dos apuntan al mismo lado.
Para tomar dimensión: Argentina tuvo déficit turístico en 42 de los últimos 49 años, según un análisis del sector. No es una anomalía de este gobierno ni del anterior. Es una condición estructural que cada tanto se agrava.
Por qué se agrava: los precios relativos
La explicación más repetida entre economistas es el costo. Cuando el dólar queda barato frente a los precios internos, vacacionar afuera resulta más conveniente que quedarse, y a los extranjeros les sale caro venir. Un relevamiento de comienzos de año calculaba un día de vacaciones en Argentina en unos US$ 240 contra unos US$ 180 en destinos del exterior.
Esa relación explica que el turismo emisivo se disparara en 2025, con aumentos de alrededor de 39% en la cantidad de viajeros y una caída del receptivo cercana a 20%. Y hay un antecedente: según varios análisis, los años de mayor déficit turístico (comienzos de los 80, la convertibilidad, fines de la década del 2000 y 2017-2018) coincidieron con períodos de tipo de cambio atrasado, algo que se sostiene poco en el tiempo.
El otro factor es el perfil del gasto. Los argentinos pasan más noches afuera que los extranjeros acá (casi 14 contra unas 11,8, según datos de 2025) y destinan una parte importante a las compras. Los extranjeros, en cambio, gastan más en alojamiento y servicios turísticos locales.
Qué significa para el sector turístico
Cada dólar que sale en forma de turismo no vuelve como actividad local. Menos viajes internos significa menos demanda para hoteles, restaurantes y operadores del país, y menos empleo en destinos que dependen de la temporada. En el medio queda el Banco Central, que necesita acumular reservas, mientras una parte de los ahorros en dólares se va como gasto de consumo.
Para atraer más receptivo hay un listado conocido: precios competitivos en dólares, más conectividad aérea, promoción sostenida en los mercados vecinos y de larga distancia, y trámites simples para el visitante. Los mercados que más aportan hoy son Brasil (26,3% de los turistas no residentes), Uruguay (18,1%) y el resto de América (13,8%), todos muy sensibles al precio.
El próximo verano trae otro desafío. La depreciación del real tras el balotaje en Brasil abarata el principal destino de los argentinos y puede reforzar el incentivo a viajar justo en temporada alta.
La otra lectura
No todo el cuadro es negativo, y conviene decirlo. En el primer semestre de 2026 el déficit turístico se redujo cerca de 27% frente al año anterior, con seis meses seguidos de caída en los viajes al exterior y de crecimiento del turismo receptivo. Hay economistas que sostienen que el turismo emisivo es una forma de consumo de servicios, que expresa mayor poder adquisitivo y libertad de elegir, y que el déficit se corrige solo cuando los precios locales se ajustan, sin necesidad de restringir los viajes. Otros recuerdan que el rojo turístico es históricamente normal en una economía con servicios más caros, y que su peso depende de cuánto crezcan las exportaciones y otras fuentes de dólares.
La discusión de fondo es cómo equilibrar la balanza: haciendo más competitivo al país como destino o aceptando que algunos dólares van a seguir saliendo.


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