Entre Chos Malal y el volcán Copahue, el norte neuquino reúne cascadas, termas, formaciones volcánicas y una cultura de montaña que sigue viva. Guía para recorrerlo con tiempo y sin apuro.
En el Alto Neuquén el mapa engaña. Un tramo que en la pantalla parece corto se estira entre volcanes, valles y ríos, y lo que aparece después de la próxima curva casi siempre justifica una parada. La región agrupa trece localidades, desde Chos Malal hasta Caviahue-Copahue, además de decenas de parajes. Su identidad está atada a la cordillera, a la vida rural y a la trashumancia.
Para ordenar el viaje conviene empezar por el camino. Se accede por las rutas nacional 40 y provincial 43. Esta última acompaña la Cordillera del Viento desde Chos Malal hasta el paraje Ailinco, unos 75 kilómetros con alrededor de dieciocho localidades en el trayecto. Quien llega desde Chile puede cruzar por el paso Pichachén y la ruta provincial 6, o por Pino Hachado y la ruta nacional 242.
Chos Malal, la puerta de entrada
La antigua capital del territorio neuquino es el mejor punto de partida. Conserva edificios y espacios patrimoniales, y su costanera sobre el río Curi Leuvú permite una primera caminata sin alejarse del centro. A pocos kilómetros está el Área Natural Protegida El Tromen, con el volcán y la laguna del mismo nombre, un escenario de trekking, montañismo y observación de aves. Antes de llegar a la ciudad, sobre la ruta 40, el Hito de la Mitad de la Ruta 40 funciona como parada obligada para la foto.
Andacollo y Huinganco: minería y senderos
Andacollo, la “Quimera del Oro”, guarda en su patrimonio la memoria de la actividad minera y es una base estratégica para internarse en la Cordillera del Viento. Un poco más adelante el paisaje se vuelve verde en Huinganco, conocida como el “Jardín de la Provincia” y Capital Provincial del Senderismo de Montaña. Entre sus atractivos están el cerro Corona, la laguna Huinganco, el Mirador San Pedro, el Museo del Árbol y la Madera y el Monumento Natural Cañada Molina, donde se conservan ejemplares antiguos de ciprés de la cordillera.
Los Miches y Las Ovejas
Los Miches es el Alto Neuquén en su versión más callada: ríos, montañas, pesca deportiva y caminos casi sin intervenir. Siguiendo por la ruta 43 se llega a Las Ovejas y, a minutos, al mirador La Puntilla, con vista a la Cordillera del Viento, los Andes, el río Neuquén y el Domuyo en el horizonte. Desde allí se accede a las Lagunas de Epulauquen, un área protegida de bosques de ñire, coihue y roble pellín, con senderos y cascadas como La Chaquira. Es un mundo verde que contrasta con la estepa dominante.
Varvarco y el Domuyo
Varvarco, en la confluencia de los ríos Neuquén y Varvarco, es la base para uno de los paisajes más fuertes de la provincia. Cerca están Los Bolillos, conos y agujas de origen volcánico esculpidos por la erosión, que se visitan sobre todo en primavera y verano, y el sitio arqueológico Colomichicó, con piedras de grabados prehispánicos.
Después aparece el Domuyo. Con 4.709 metros es el pico más alto de la Patagonia y su área protegida concentra un campo geotérmico donde conviven Aguas Calientes, Los Tachos y Las Olletas, entre otras surgentes. El arroyo termal de Aguas Calientes, a unos 1.800 metros sobre el nivel del mar, permite bañarse en pozones naturales. Quien piense en la cumbre debe saber que el ascenso se hace únicamente con guías autorizados.
Manzano Amargo y las nacientes del río Neuquén
Uno de los pueblos más alejados de la región tiene como postal la Cascada La Fragua, de unos 40 metros. A su alrededor hay bosques, senderos y saltos como Las Tapaderas. Hacia Pichi Neuquén y el Cajón de los Chenques nace el río Neuquén, que después de cientos de kilómetros se une al Limay para formar el río Negro.
Más allá del corredor norte
Tricao Malal, Taquimilán, El Huecú, El Cholar y parajes como Villa del Nahueve, Los Guañacos, Chorriaca y Coyuco Cochico completan un territorio donde las fiestas populares, los arreos y la producción local muestran una vida campesina muy ligada al paisaje. Loncopué funciona como otra puerta hacia la cordillera y la Ruta del Pehuén.
Caviahue-Copahue: volcán, pehuenes, nieve y termas
Al sur de la región, el escenario cambia por completo. Al pie del volcán Copahue están Caviahue y Copahue, entre bosques de pehuenes, cascadas, lagunas y el Salto del Agrio, a poco menos de 18 kilómetros de Caviahue. Copahue, a unos 1.980 metros de altura, es una villa dedicada al turismo termal, con aguas, fangos, vapores y algas de origen volcánico. En invierno, Caviahue suma esquí y el producto “Termas Nieve”, que combina las piletas calientes con el entorno nevado. Este año, la abundancia de nieve llevó al centro a proyectar una temporada extendida hasta el fin de semana largo de octubre. El propio volcán Copahue fue preseleccionado para representar a la Argentina en la convocatoria internacional Montañas Famosas del Mundo 2026.
La mesa y la gente
El viaje se completa con los crianceros que mueven sus animales entre invernada y veranada, las cantoras populares, las capillas rurales y las fiestas campesinas. En la mesa, el chivito del norte neuquino, el ñaco, el mote, los quesos artesanales, las conservas y la trucha cuentan de dónde viene cada lugar.
Para planificar
Los caminos de montaña cambian con el clima, así que antes de salir conviene consultar el estado de las rutas en el sitio de Vialidad provincial. Primavera y verano son la mejor época para Los Bolillos y los senderos de altura, el invierno ordena la agenda de Caviahue, y la temporada termal de Copahue suele abrir a comienzos de diciembre. Con tres o cuatro días alcanza para un primer recorrido, pero el Alto Neuquén premia a quien se queda un poco más y se desvía hacia el pueblo que no estaba en el plan.


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