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18 septiembre, 2026
Trekking en Península Mitre, Tierra del Fuego, Argentina

La letra chica que prepara el Banco Central y que podría devolver las cuotas sin interés a tus próximas vacaciones

Detrás de un cambio técnico en la forma en que los comercios cobran sus ventas con tarjeta se esconde una noticia que interesa directamente al bolsillo de quien planea viajar: si el mecanismo que estudia el Banco Central logra bajar el costo financiero que hoy pagan las agencias de viajes, las cuotas sin interés podrían volver a aparecer en los paquetes turísticos. La clave está en un detalle que casi nadie conoce fuera del sistema financiero: los cupones de tarjeta.

Durante los últimos años, cualquiera que haya intentado comprar un paquete a Brasil o un pasaje a Europa en cuotas sin interés se topó con la misma respuesta de las agencias de viajes: “no hay promoción disponible” o, en el mejor de los casos, financiación con recargo. El motivo no fue nunca una decisión caprichosa del sector, sino un número que se volvió cada vez más difícil de sostener: el costo de adelantar el cobro de una venta financiada rondó el 50% anual durante buena parte de 2025 y 2026, un nivel que hizo prácticamente inviable regalarle esa diferencia al pasajero.

Ese número es justamente el que el Banco Central busca mover, aunque para entender cómo primero hay que entender un mecanismo que funciona puertas adentro del sistema de pagos y que la mayoría de los viajeros nunca ve.

Qué son los cupones y por qué determinan si hay o no cuotas sin interés

Cuando una agencia de viajes vende un paquete en cuotas con tarjeta de crédito, no recibe el dinero de manera inmediata: la entidad pagadora acredita los fondos recién entre 8 y 18 días después, según el rubro y el tipo de comercio. Si la agencia necesita ese dinero antes —para pagar a un mayorista, un hotel o una aerolínea—, puede ceder el derecho de cobro de cada cuota a cambio de una quita. Eso es, en esencia, un cupón de tarjeta: un derecho de cobro futuro que se negocia hoy a cambio de perder una parte del valor.

El detalle importante es que cada cuota genera su propio cupón, con su propio vencimiento. Una compra en seis cuotas no produce un solo derecho de cobro, sino seis, cada uno negociable por separado. Ese mecanismo, aunque suene técnico, es el corazón de la discusión: cuanto más cara sea la quita que cobran quienes adelantan esos fondos, más caro le resulta a la agencia financiar la venta, y menos margen le queda para regalarle esas cuotas al pasajero sin cargarle interés.

Hoy ese negocio está concentrado en apenas tres jugadores —Mercado Pago, Fiserv y Payway—, algo que, según coinciden banqueros consultados por medios especializados, explica buena parte de por qué las tasas de descuento se mantuvieron tan altas pese a que el riesgo de cobro es prácticamente nulo: el deudor final, al fin y al cabo, es siempre una entidad bancaria que ya autorizó la operación.

Un mercado más grande de lo que parece

La magnitud del cambio que impulsa el Banco Central se entiende mejor con números. Solo en julio de 2026 se registraron más de 176 millones de operaciones en pesos con tarjeta de crédito, de las cuales cerca de 21 millones se pagaron en cuotas. En conjunto, esas operaciones movieron más de 10,6 billones de pesos mensuales. Es sobre ese universo —no sobre un segmento chico y marginal— que el organismo busca abrir la competencia, permitiendo que más actores puedan pujar por comprar esos cupones y, con ello, empujar las tasas hacia abajo. Según estimaciones de analistas del mercado, la referencia a la que podría converger ese costo se parece más a la de un cheque electrónico, hoy en torno al 25% anual, es decir, la mitad de lo que se paga actualmente.

No se trata de una cifra menor para un sector como el turístico, caracterizado por tickets promedio altos y una demanda muy sensible al financiamiento. La correlación ya quedó documentada en las estadísticas del propio sistema de pagos: cuando el costo de financiar subió con fuerza durante 2025, la cantidad de compras en cuotas cayó de manera notoria hasta tocar un piso entre octubre y noviembre de ese año, para recién empezar a recuperarse en diciembre. El mensaje que dejan esos datos es bastante directo: cuando financiar sale caro, la gente deja de pedir cuotas, y cuando las agencias no pueden ofrecerlas sin interés, muchas ventas de paquetes con ticket elevado directamente no se concretan.

Por qué no es lo mismo que un nuevo Ahora 12

Conviene aclarar algo que suele generar confusión: esta iniciativa no crea un programa de cuotas sin interés obligatorias para el turismo, ni se parece en su diseño a programas de estímulo al consumo que en el pasado impusieron condiciones fijas a los comercios adheridos. Lo que hace es intervenir un escalón anterior de la cadena: el costo que pagan las agencias, los comercios y las empresas turísticas para adelantar el cobro de sus ventas financiadas. Si ese costo baja de manera significativa, cada agencia podrá decidir, con más margen que hoy, si absorbe una parte y traslada al pasajero una propuesta de tres, seis o más cuotas sin recargo. Si no baja lo suficiente, es probable que la situación actual no cambie demasiado.

Esa distinción es clave para no generar expectativas desmedidas: no existe todavía una resolución formal del Banco Central que confirme fecha de lanzamiento, reglas de participación ni el nivel final que alcanzarán las tasas. La iniciativa sigue en etapa de desarrollo, y el propio organismo evita hablar de una proyección oficial sobre cuánto podrían bajar los costos.

Cómo se resuelve este mismo problema en otros países de la región

La tensión entre financiamiento en cuotas y costo del crédito no es un problema exclusivamente argentino. En Brasil, el llamado parcelamento sem juros representa aproximadamente la mitad de las operaciones con tarjeta de crédito del país y mueve un volumen equivalente a una porción relevante del PIB, al punto de que cualquier intento de limitarlo generó fuerte resistencia del comercio y de las cámaras del sector, que advirtieron sobre un fuerte encarecimiento del crédito y una caída del volumen de ventas si se restringía. En Chile, en cambio, el mercado de adquirencia de tarjetas está sujeto a una regulación bancaria más estricta que la brasileña, lo que en la práctica limita el margen de las procesadoras para cobrar comisiones elevadas por adelantar fondos a los comercios, y permite que incluso grandes marcas ofrezcan planes de hasta 24 cuotas sin interés sin que eso dependa de un programa estatal específico.

La comparación deja una lectura incómoda para el mercado argentino: en los dos países vecinos, la clave para sostener las cuotas sin interés no pasó tanto por subsidios ni programas puntuales, sino por el nivel de competencia y regulación que existe en el negocio de adelantar cobros a los comercios. Es, casi textualmente, el mismo nudo que el Banco Central argentino busca ahora desatar.

Qué puede esperar el sector turístico

Para las agencias de viajes, el desenlace de esta discusión importa más que a cualquier otro rubro, porque el ticket promedio de un paquete turístico es de los más altos entre los productos que suelen venderse en cuotas. Una diferencia de apenas unos puntos en el costo de financiar una operación puede ser la diferencia entre ofrecer cuotas sin interés de manera rentable o terminar subsidiando la venta con márgenes que ya son ajustados. Si el nuevo esquema de cupones logra bajar sensiblemente esa tasa, y si agencias, bancos y procesadoras deciden trasladar parte de esa mejora al pasajero, las cuotas sin interés podrían volver a ser, después de un par de años de ausencia casi total, una de las herramientas comerciales más importantes para destrabar la venta de viajes en la Argentina.

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