El invierno es una excelente oportunidad para descubrir Concordia desde una mirada distinta: la de un destino que combina vino, naturaleza, turismo activo y propuestas rurales durante todo el año. En el noreste entrerriano, la ciudad viene consolidando una identidad propia dentro del mapa del enoturismo argentino, con el Tannat como cepa insignia y una creciente oferta de experiencias para quienes buscan escapadas con sabor local.
Concordia es reconocida como la cuna del Tannat en América, una variedad originaria de Francia que llegó a la región a fines del siglo XIX de la mano de pioneros como Pascual Harriague y Juan Jauregui. Desde este territorio, la cepa se expandió luego hacia otros puntos del continente, especialmente Uruguay, donde alcanzó enorme desarrollo y prestigio. Esa herencia vitivinícola hoy vuelve a cobrar fuerza en un contexto de revalorización del vino, el paisaje productivo y las experiencias de cercanía.
Actualmente, la ciudad cuenta con cinco viñedos y bodegas abiertas al público durante todo el año, con visitas guiadas, degustaciones y propuestas que permiten conocer de cerca el trabajo de la vid, la elaboración del vino y la identidad de cada establecimiento. El Tannat es el gran protagonista, pero no está solo: otras cepas y blends completan una oferta que refleja el carácter regional y el crecimiento sostenido del enoturismo local.
Entre los casos más destacados aparece Finca Fénix, ubicada en La Criolla, que recientemente se convirtió en el primer viñedo orgánico de la provincia de Entre Ríos al obtener la certificación USDA-NOP para su lote de Tannat. Se trata de un logro relevante no solo desde el punto de vista productivo, sino también por su aporte a un modelo de vitivinicultura más sustentable, con estándares que abren nuevas posibilidades de posicionamiento para la provincia.
Las experiencias en viñedos no se limitan a la degustación. A lo largo del año, los visitantes pueden participar de recorridos guiados, vivir la tradicional vendimia con pisada de uvas en temporada y disfrutar de propuestas cada vez más buscadas, como picnics entre viñedos, donde se integran paisaje, producción y gastronomía en una misma vivencia. Este tipo de actividades responde a una tendencia global: el viajero ya no busca solo consumir un producto, sino vivir una experiencia memorable en torno a él.
La propuesta enoturística de Concordia se potencia además con una amplia agenda de turismo activo. Senderismo, cabalgatas, avistaje de aves, vuelos de bautismo, pesca deportiva de boga y dorado con guías especializados, kayak, SUP y paseos en catamarán sobre el río Uruguay y el lago Salto Grande amplían las posibilidades para distintos perfiles de visitantes. Así, la ciudad logra articular naturaleza, aventura y contemplación con una base territorial muy sólida.
Durante el invierno, lejos de frenarse, Concordia mantiene un ritmo de actividad constante. Los circuitos peatonales, las visitas guiadas, las propuestas de turismo rural y los eventos deportivos en el Autódromo Ciudad de Concordia completan una agenda pensada para quienes desean combinar descanso, movimiento y descubrimiento. Esa diversidad convierte a la ciudad en una alternativa atractiva tanto para escapadas cortas como para estadías más completas.
En un escenario donde los destinos compiten por diferenciarse, Concordia encuentra en el vino una puerta de entrada poderosa, pero también en su entorno natural y en su capacidad de generar experiencias auténticas. El Tannat, los viñedos, el río, la producción orgánica y la hospitalidad local conforman una identidad turística en expansión, que fortalece a la ciudad como un destino entrerriano con personalidad propia.

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