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25 octubre, 2026
Turistas en Punta de Choros, Chile

Antes de que llegue el verano: 3 pueblos de la costa chilena con pingüinos, olas gigantes y playas de postal para dejar reservados

Viña del Mar y La Serena tienen su fama bien ganada, y también sus filas de autos en enero. Pero Chile tiene más de 6.000 kilómetros de costa, y en tramos bastante menos transitados hay caletas de pescadores, playas largas y fauna marina que no necesita marketing. Con las vacaciones a la vuelta de la esquina, vale la pena mirar estos tres pueblos, uno en el norte y dos en el centro-sur, antes de que se llenen los alojamientos.

Punta de Choros: pingüinos, delfines y una isla de arena blanca

A unos 115 kilómetros al norte de La Serena, en la comuna de La Higuera, Punta de Choros es una caleta de pescadores con unos 160 pescadores artesanales y murales de ballenas y chungungos pintados en las paredes. De ahí sale la mayoría de la gente hacia la Reserva Nacional Pingüino de Humboldt, formada por las islas Choros, Damas y Chañaral.

El paseo en lancha dura entre dos horas y media y tres. Se bordea Isla Choros, donde vive una colonia de pingüinos de Humboldt, y es habitual que los delfines nariz de botella acompañen al bote. En verano también pasan ballenas. Solo se puede desembarcar en Isla Damas, y el premio es una hora para caminar sus senderos y tirarse en Playa Las Tijeras, de arena clara y agua transparente. Ojo con la temperatura: es mar de corriente de Humboldt, fresco incluso en enero.

La entrada a la reserva se paga aparte del paseo, y los días de desembarque en Isla Damas cambian en temporada alta, así que conviene confirmar al reservar. La zona es muy ventosa, de modo que sirve llevar una campera liviana aunque haga calor. Para comer, el pescado y los mariscos de la caleta son la apuesta segura. Hay alojamientos sencillos, nada de grandes hoteles, y desde La Serena se llega en auto en un par de horas. También hay micro, aunque con horarios fijos que hay que chequear antes. De septiembre a marzo es la ventana más estable para navegar.

Cocholgüe: la caleta donde el mar se come con los pescadores

Cocholgüe queda en la comuna de Tomé, en la región del Biobío, a unos 40 minutos de Concepción por la Ruta 150. Es una caleta de pescadores y algueras: las mujeres recolectan algas sobre los roqueríos, y los buzos y pescadores abastecen directamente a los restaurantes del pueblo. Es una rutina que se ve a simple vista mientras uno camina por la playa, y por eso funciona tan bien para quien busca algo auténtico y no un balneario armado para turistas.

La gracia está en cómo se combina con el resto de la costa. Desde Tomé, con su patrimonio textil frente a la playa Bellavista, un camino costero bien señalizado sigue hacia Cocholgüe, Dichato (famosa por su gastronomía marina) y Pingueral, de arenas claras. Se puede hacer en un día largo o repartir en un fin de semana. Los precios en los comedores de caleta suelen ser razonables, y el aeropuerto de Concepción queda cerca si llegás en avión.

El verano es la temporada fuerte en este borde costero. Si querés cabaña con vista a la bahía, es el momento de reservar.

Buchupureo: el paraíso del surf y las rocas con forma de iglesia

Buchupureo pertenece a la comuna de Cobquecura, en la región de Ñuble, y tiene una personalidad bien distinta a las otras dos: arena oscura, olas potentes y una playa abierta que parece no terminar. La desembocadura del río, el océano y la vegetación arman un paisaje que se disfruta más caminando que haciendo cualquier otra cosa.

Es un punto reconocido para el surf, con olas que según la época pueden superar los cinco o seis metros, y también se practica bodyboard y paddle surf. Eso sí, es mar para respetar: mirá siempre el estado del agua antes de entrar, sobre todo si no sos surfista. La playa La Boca, en la desembocadura del río, es de las más usadas para el baño y la pesca deportiva.

A poco más de diez kilómetros está Cobquecura, y ahí van dos paradas obligadas. La Iglesia de Piedra es una formación rocosa enorme con una bóveda central que justifica su nombre. La Lobería, un islote donde viven lobos marinos de un pelo, completa el cuadro. Ambas fueron declaradas Santuario de la Naturaleza en 1992. El pueblo tiene además un ecomuseo, y la comuna suma unos 52 kilómetros de playa.

Los servicios son pocos: cabañas simples, algún comercio, restaurantes chicos. Eso, para este destino, es parte de la gracia.

Cómo elegir (o cómo combinarlos)

Si lo tuyo es la fauna y querés una excursión con guía, Punta de Choros gana de lejos. Para comer bien, caminar sin apuro y ver cómo funciona una caleta de verdad, Cocholgüe. Y si te movés por el surf o el paisaje salvaje, Buchupureo.

Para quien viene de la costa atlántica argentina, el cambio es grande: el Pacífico chileno es más frío y más bravo. A cambio, la sensación de espacio es difícil de encontrar en temporada alta.

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