Quien quiera tomar el té en el Palm Court tiene unas semanas. El Plaza, el hotel de la esquina de la Quinta Avenida y Central Park South, deja de recibir huéspedes en enero de 2027 y no vuelve, como mínimo, hasta 2031. Fairmont, la cadena que lo opera, lo anunció el 14 de octubre. El motivo es la fachada, que está protegida como monumento y necesita una restauración de fondo.
El hotel cerrará completo. Se apagan las habitaciones, los salones de eventos y el Palm Court, ese salón del té de la tarde que lleva más de un siglo de rutina neoyorquina. Se habla del 19 de enero como último día de servicio, pero esa fecha no está confirmada oficialmente.
Qué se sabe de la obra, y qué todavía no
Poco, en realidad. La operadora no dijo cuánto va a costar ni qué trabajos incluye exactamente, y aclaró que el plan depende de coordinar con los organismos de preservación de la ciudad. Por eso la reapertura en 2031 es un “como mínimo”, no una promesa.
Hay un dato que complica el relato oficial. Según las autoridades municipales, el dueño presentó en 2023 una solicitud para reparar la fachada y todavía no tiene el permiso. Las inspecciones más recientes, hechas por un inspector contratado por el propio propietario, habrían advertido condiciones inseguras en el exterior del edificio. El hotel habla de “cuidado a largo plazo” y seguridad pública; la ciudad aporta el contexto de una fachada que venía dando señales de alarma. Las dos cosas pueden ser ciertas a la vez.
El edificio pertenece desde 2018 a Katara Hospitality, de Qatar, y lo gestiona Fairmont, del grupo Accor, desde la gran renovación de 2005. Antes pasó por manos de Conrad Hilton y Donald Trump, entre otros.
Las personas detrás del cierre
Son 378 trabajadores sindicalizados. El gremio hotelero ya arrancó conversaciones con la dirección para reubicarlos en otros hoteles de la ciudad mientras duren las obras, y aseguró que podrán volver a sus puestos con el mismo salario cuando el Plaza reabra. Cuatro años es mucho tiempo para quien vive de un turno en un salón, y la reubicación temporal solo resuelve una parte.
Tampoco está claro qué pasa con las 181 residencias en condominio que forman parte del complejo. La empresa no precisó si los propietarios tendrán que mudarse durante la obra.
Un hotel que es más que un hotel
Para entender por qué esta noticia trasciende al sector, hay que mirar de dónde viene. El Plaza abrió el 1° de octubre de 1907, diseñado por Henry Janeway Hardenbergh con aire de château francés. Construirlo costó unos 12,5 millones de dólares de la época, y el primer huésped, Alfred Vanderbilt, llegó en carruaje apenas se abrieron las puertas. Una habitación valía 2,50 dólares.
Después vino todo lo demás. Los Beatles se hospedaron ahí en febrero de 1964, en su primera visita a Estados Unidos, con medio centenar de policías conteniendo a los fans en la puerta. Truman Capote organizó en el Gran Salón su famoso baile de blanco y negro, en 1966, con Sinatra, Warhol y Rose Kennedy en la lista. Kay Thompson inventó a Eloise, la nena que vive en el hotel, y el cuadro de Eloise colgó en el lobby casi cincuenta años. F. Scott Fitzgerald puso una escena de El gran Gatsby en una suite. Hitchcock filmó ahí parte de North by Northwest. Y para una generación entera, el Plaza es el lugar donde Kevin se aloja solo en Mi pobre angelito 2.
En 2008, después de una renovación de unos 400 millones de dólares, reabrió convertido en una mezcla de hotel y condominios. Ya no tenía las más de 800 habitaciones de sus mejores épocas, pero conservó el salón del té y la categoría de Monumento Histórico Nacional.
Qué significa para quien trabaja en turismo
Si manejás reservas de lujo en Nueva York, el efecto es inmediato. Cualquier cliente con fecha posterior a enero necesita alternativa, y conviene mover cuanto antes a los que tenían bodas, cenas de gala o eventos corporativos, porque los salones también cierran. Ya se conocen parejas con casamientos reservados para la primavera que tienen que rehacer todo.
Para la hotelería de la zona, el cierre saca del mercado un nombre que funcionaba como imán de la categoría. Es previsible que otros clásicos de la zona de Central Park, como el St. Regis o el Peninsula, absorban parte de esa demanda, y que las tarifas de alta gama se muevan en consecuencia. Todavía no hay datos concretos, pero la lógica de la oferta apunta para ese lado.
Para el turista, queda la última chance de tomar el té bajo el techo de vitrales del Palm Court, mirar el lobby o dormir en una suite con vista al parque. Cuatro años después, el Plaza va a volver. Lo que nadie sabe todavía es en qué estado, a qué precio y con cuánta de la vida que tuvo hasta ahora.


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