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25 octubre, 2026
La Paisanita, provincia de Córdoba, pareja de turistas mirando el paisaje

La Paisanita: el pueblo cordobés de menos de 300 habitantes con un “honguito” en medio del río que se volvió escapada de moda

Hay destinos que se explican con una cifra y otros con una imagen. La Paisanita tiene las dos. La cifra es su población: menos de 300 habitantes. La imagen es un mirador circular con forma de hongo, plantado en medio del río Anisacate, que se convirtió en la foto más buscada de este rincón del Valle de Paravachasca.

La comuna queda a unos 50 kilómetros de la ciudad de Córdoba y a unos 10 de Alta Gracia, en el departamento Santa María. Con ese perfil, escala chica y paisaje de sierra baja, se consolidó como una escapada de fin de semana para quienes buscan naturaleza sin alejarse demasiado de la capital provincial.

Cómo se llega

Una particularidad de La Paisanita es que no está sobre la Ruta Provincial 5, el eje que une a las localidades del valle entre Alta Gracia y el embalse Los Molinos. Es la única comuna de ese tramo que queda fuera de la traza principal, y eso explica parte de su carácter.

Desde Córdoba capital se toma la Ruta Provincial 5 en dirección a Alta Gracia, luego la Ruta C-45 y por último el Camino de los Pioneros, un trayecto de ripio de unos ocho kilómetros donde las casas se espacian y el paisaje se vuelve más serrano. En auto, el viaje completo demora cerca de 50 minutos. Otros pueblos del valle, como Anisacate, La Bolsa, Villa Los Aromos y La Serranita, quedan sobre la ruta y concentran más movimiento. Esa diferencia se nota apenas se llega.

El río y su postal

El Anisacate atraviesa el pueblo y arma costas de arena y sectores de playa agreste, que se disfrutan en cualquier época del año, no solo en verano. En la primavera, con días templados, es cuando más visitantes se acercan a pasar el día. Entre los sitios de baño aparece “La Olla”, un pozo natural pensado para nadar.

El gran símbolo es El Honguito. El mirador se construyó en los años cuarenta, cuando La Paisanita vivía su auge como villa de veraneo y se levantaban las primeras casas. En aquella época funcionaba allí un kiosco para quienes iban a la playa. Unas tres décadas más tarde, una crecida del río se llevó la estructura original, que fue reconstruida con el tiempo. Hoy sube a la lista de paradas obligadas, y la foto del hongo sobre el agua es la que más circula entre quienes visitan la zona.

Qué hacer más allá de la playa

La oferta es de naturaleza y ritmo lento:

  • Senderos de montaña: caminatas cortas y de dificultad baja entre vegetación serrana, adecuadas para familias.
  • Cabalgatas guiadas: recorridos por la sierra a cargo de prestadores locales.
  • Bicicleta: los caminos de tierra y los desniveles suaves permiten paseos en dos ruedas.
  • Observación de aves y fauna autóctona: actividad habitual para quienes salen temprano.
  • Cerro y capilla: en lo alto de un cerro se levanta la capilla Nuestra Señora de Luján, una construcción de la década de 1950 desde la que se ve el valle.

La parte histórica se completa con la Colonia Evita, una colonia de vacaciones vinculada a un gremio ferroviario, y la escuela Sarmiento, dos paradas que cuentan cómo creció el pueblo como destino de descanso en el siglo pasado.

Dónde dormir y comer

Pese a su tamaño, la comuna tiene alojamiento para distintos presupuestos: una hostería, un camping, la colonia de vacaciones y una oferta creciente de cabañas y casas de alquiler temporario, algunas con acceso al río. En el entorno hay locales artesanales y propuestas de cocina criolla, con cortes a la parrilla, empanadas y panadería casera. Conviene tener en cuenta que los servicios son acotados: en fines de semana largos y en temporada alta es recomendable reservar con anticipación y llegar con lo necesario para la jornada.

Combinar con Alta Gracia

Como La Paisanita queda a pocos minutos de Alta Gracia, el viaje se puede armar con dos caras. De un lado, la tranquilidad serrana del pueblo. Del otro, una ciudad con fuerte peso histórico: la Estancia Jesuítica, que integra el conjunto declarado Patrimonio Mundial por la UNESCO en 2000, el museo de la casa del Virrey Liniers y el museo dedicado a Ernesto Che Guevara, que vivió allí en su infancia. También está cerca el dique Los Molinos, otra opción para pasar el día al aire libre.

Una escapada de baja escala

El crecimiento turístico de los pueblos chicos de Córdoba plantea un desafío conocido: sostener el atractivo sin perder lo que lo hizo atractivo. En La Paisanita, esa escala pequeña es justamente el producto. Las autoridades locales y los prestadores suelen insistir en cuidar el río, no dejar residuos y respetar los espacios de baño, algo que cualquier visitante puede aplicar de entrada.

Para quien busca una escapada corta desde Córdoba, Rosario o incluso Buenos Aires combinada con vuelo a la capital cordobesa, La Paisanita ofrece un fin de semana sin grandes agendas: río, caminata, un mirador con historia y una mesa criolla al final del día.

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