Dos países, un mismo río, y esta semana, dos decisiones completamente distintas. Del lado brasileño, el mirador que da a la Garganta del Diablo cerró sus puertas. Del lado argentino, el parque sigue funcionando como si nada. La escena generó más de una confusión entre quienes tienen el viaje programado para las próximas semanas: si las Cataratas son las mismas, ¿por qué un país las cierra y el otro no? La respuesta tiene que ver con algo que casi nadie mira cuando planea un viaje a Misiones: el caudal del río.
Lo que pasó, explicado sin vueltas
El fenómeno El Niño trajo, en las últimas semanas, lluvias que superaron los 300 milímetros en el estado brasileño de Paraná, justo la zona que alimenta la cuenca alta del río Iguazú. El resultado fue un caudal que llegó a rozar los 6.580 metros cúbicos por segundo, un número que ya supera el umbral que las autoridades consideran seguro para mantener a la gente caminando sobre las pasarelas metálicas que llevan hasta el salto más famoso del sistema.
Del lado argentino, la Administración de Parques Nacionales y la concesionaria Iguazú Argentina S.A. no esperaron a que la situación se pusiera crítica. Ya en agosto, de forma preventiva, retiraron las pasarelas del Circuito Garganta del Diablo y las trasladaron a tierra firme. Fue una decisión distinta a la que se tomó en ocasiones anteriores: normalmente se actuaba recién cuando la crecida ya estaba en marcha. Esta vez, se adelantaron.
Y hay una razón muy concreta para esa cautela. En 2022, una crecida extraordinaria llevó el caudal del Iguazú por encima de los 23.000 metros cúbicos por segundo, y el agua se llevó puesta más de la mitad de la infraestructura del circuito. Reconstruir esas pasarelas llevó meses. Nadie, del lado argentino, quiere repetir esa historia. Por eso esta vez el operativo se pensó distinto: los tramos metálicos se desmontan y se guardan en altura, mientras que los pilotes de hormigón quedan en el lecho del río, reduciendo la resistencia que ofrecen al agua cuando esta sube.
¿Y entonces, el parque está cerrado o no?
Acá está el punto que genera la confusión, y vale la pena aclararlo con todas las letras: no, el Parque Nacional Iguazú no cerró. Lo único que permanece fuera de servicio es el tramo específico que lleva hasta la pasarela sobre la Garganta del Diablo. Todo lo demás funciona con normalidad, y no es poco: el Circuito Superior, el Circuito Inferior, el Sendero Verde, el Sendero Macuco, el Centro de Visitantes Yvyrá Retá y el Territorio Yaguareté siguen recibiendo turistas de todas partes del mundo, igual que los locales gastronómicos y los servicios del Área Cataratas.
De hecho, quien visite el parque en estos días todavía tiene margen para armar un recorrido completo: el Circuito San Juan, la Ciclovía de las Cataratas y el Espacio Usina se sumaron como alternativas en los últimos tiempos, junto con experiencias especiales al amanecer, al atardecer y en horario nocturno. La oferta gastronómica también creció: los restaurantes Cocar y Canoas Mirim, incorporados este año, suman capacidad para más de 400 comensales en conjunto. Y los sábados, como si el parque necesitara todavía un motivo más para visitarlo, se arma una feria de artesanos y productores locales.
¿Cuándo vuelve a abrir la Garganta del Diablo? Ahí no hay una respuesta cerrada todavía. El operativo de desmontaje y reinstalación demanda un mínimo de 40 días, pero el regreso real del circuito depende de cómo evolucione el caudal del río y del comportamiento de las lluvias previstas para septiembre y octubre. Las autoridades prometen ir monitoreando la situación semana a semana antes de dar luz verde.
Un parque que, paradójicamente, viene de un año récord
Lo curioso de esta historia es el contraste: mientras un sector del parque queda temporalmente restringido por precaución, el resto del sistema atraviesa uno de sus mejores momentos en mucho tiempo. A fines de agosto, el Parque Nacional Iguazú recibió a su visitante número un millón de 2026, una familia de Mar del Plata que llegó en auto después de decidir el viaje apenas dos semanas antes. El hito se alcanzó una semana más rápido que en 2025 y casi un mes y medio antes que en 2024, lo que confirma una tendencia que viene sostenida desde hace tiempo: cada vez llega más gente, y llega más rápido en el calendario.
El dato no es menor si se lo mira en perspectiva: en el primer semestre del año, el sistema de Cataratas —contando también el lado brasileño— ya había superado el millón de visitantes antes de julio, algo que no había ocurrido nunca en su historia, con un crecimiento cercano al 14% respecto del año anterior.
Todo esto sobre un territorio que no deja de sorprender por su escala: el Parque Nacional protege 67.698 hectáreas de selva paranaense, fue declarado Patrimonio Mundial por la UNESCO en 1984 y reúne un sistema de 275 saltos de agua, motivo por el cual las Cataratas del Iguazú integran la lista de las Siete Maravillas Naturales del Mundo. Ese combo de biodiversidad, historia y magnitud es, en definitiva, lo que explica por qué el destino sigue sumando visitantes año tras año, incluso en una temporada marcada por El Niño.
Lo que hay que saber antes de viajar
Para quien tenga el viaje encaminado, el mensaje de las autoridades es claro: se puede ingresar al parque, se puede recorrer prácticamente toda la oferta, y solo hay que tener en cuenta que el acceso puntual a la pasarela de la Garganta del Diablo permanece restringido hasta nuevo aviso. El resto de la experiencia, la que combina selva, biodiversidad y la inmensidad de los saltos, sigue exactamente donde siempre estuvo.


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