Hay productos que trascienden la mesa y se convierten en una forma de contar quién es un territorio. El queso, en Uruguay y en México, es uno de ellos. Y ahora, por primera vez, dos regiones queseras de referencia en el continente deciden trabajar juntas: nace “Rutas del Queso de Colonia y Cotija”, un proyecto de cooperación binacional que busca convertir la tradición quesera en una experiencia turística compartida entre Uruguay y México.
Dos comunidades, un mismo desafío
El proyecto, financiado por el Fondo Conjunto de Cooperación Uruguay-México, une al departamento de Colonia, en el litoral uruguayo, con el municipio de Cotija, en la sierra de Michoacán. Su nombre completo lo dice todo: “Modelos de gestión colaborativa para el desarrollo regional a través de la innovación y la consolidación del valor local entre Colonia y Michoacán”. Detrás de ese título técnico hay una idea simple y potente: dos comunidades que llevan generaciones haciendo queso pueden aprender una de la otra, y esa colaboración puede transformarse en turismo, en empleo y en identidad.
La iniciativa tendrá una duración de 18 meses y cuenta con un financiamiento de 79.104 dólares. Participan de ella el Ministerio de Turismo de Uruguay, la Intendencia de Colonia, el Estado de Michoacán a través de su Secretaría de Turismo, y la organización mexicana Incubatour. El proyecto se enmarca dentro del fondo de cooperación Uruguay-México creado en 2009, que en su convocatoria más reciente recibió 112 propuestas de las cuales se seleccionaron apenas 12, un dato que refleja lo competitivo que resulta acceder a este tipo de financiamiento internacional.
El alcance no es menor: más de 300 productores queseros y 500 trabajadores rurales y emprendedores vinculados al turismo, la gastronomía y la cultura son beneficiarios directos de esta apuesta, que además involucra a organizaciones como la Red de Mujeres Rurales de Colonia y el Proyecto Mujeres Cocineras de Michoacán.
Cómo arrancó el trabajo conjunto
La primera etapa del proyecto ya está en marcha, con una instancia de capacitación virtual que reunió a productores de queso, cocineras tradicionales, prestadores de servicios turísticos, guías y miembros de las comunidades de ambos territorios. Este primer encuentro es apenas el comienzo de un ciclo de seis sesiones de intercambio, en las que se abordan temas como las tendencias internacionales del turismo gastronómico y el rol del queso como patrimonio cultural.
La lógica detrás de estas capacitaciones es clara: no alcanza con tener un buen producto, hay que saber convertirlo en experiencia. Cómo recibir a un visitante, cómo contar la historia detrás de cada pieza de queso, cómo diseñar un recorrido que combine degustación, paisaje y relato cultural, son todas capacidades que se trabajan en estos encuentros, con la mirada puesta en transformar la tradición quesera de cada territorio en propuestas turísticas auténticas, sostenibles y competitivas.
Colonia, cuna de la tradición quesera uruguaya
Para entender el peso de esta colaboración, vale la pena conocer un poco más de cada lado. En Uruguay, la Ruta del Queso de Colonia ya es una experiencia consolidada, que recorre localidades como Colonia Suiza y Nueva Helvecia, extendiéndose incluso hasta Colonia del Sacramento. El sello suizo e italiano de los primeros colonos se nota en cada quesería: producción familiar, artesanal e industrial conviven en un entorno tanto rural como urbano, con paradas donde el visitante puede elegir entre queserías pequeñas y establecimientos de mayor escala.
La propuesta no se limita a mirar el proceso de elaboración. Incluye degustaciones, catas y maridajes con productos locales, y en muchos casos un almuerzo completo en una de las queserías, todo pensado para que cada parada revele una receta y una historia distintas. Es, en definitiva, un recorrido donde el visitante no solo prueba quesos premiados, sino que conoce a quienes los elaboran y entiende el legado que hay detrás de cada pieza.
Cotija, el queso con nombre propio de Michoacán
Del otro lado del proyecto está Cotija, un pequeño pueblo michoacano que en 2023 se convirtió en el décimo Pueblo Mágico del estado, un reconocimiento que distingue a localidades con atractivos históricos, culturales y naturales especiales dentro de México. Pero mucho antes de esa distinción, Cotija ya era sinónimo de uno de los quesos más apreciados del país.
El queso Cotija es, hasta hoy, el único producto lácteo mexicano con Denominación de Origen, un reconocimiento que garantiza su autenticidad y protege su producción de imitaciones. Se elabora con leche de vaca sin pasteurizar proveniente de ganado de razas criollas de libre pastoreo, y su maduración se extiende por un año como mínimo, lo que le da esa textura desmenuzable y ese sabor intenso y mineral que muchos comparan con el del queso feta o, por su versatilidad en la cocina, con el parmesano. Su producción tradicional se concentra en la llamada Sierra de Jalmich, la región limítrofe entre Michoacán y Jalisco donde el clima y la genética del ganado local hacen posible un queso que no se puede replicar en cualquier parte.
El reconocimiento internacional llegó en 2006, cuando el queso Cotija obtuvo el primer lugar en la categoría de Mejor Queso Extranjero del Año en el campeonato mundial de quesos de Cremona, Italia, una distinción que terminó de proyectar a este producto michoacano fuera de las fronteras mexicanas. Hoy, Cotija celebra su tradición quesera con ferias regionales y festivales gastronómicos, en un pueblo de calles empedradas y tejados rojos, rodeado de montañas y cercano al lago de Chapala, que combina turismo gastronómico con senderismo, avistamiento de aves y paseos en lancha por sus lagunas.
Un puente entre dos culturas queseras
Lo interesante de este proyecto es que no busca imponer un modelo sobre otro, sino generar un intercambio genuino entre dos tradiciones que, aunque nacieron en contextos completamente distintos, comparten desafíos parecidos: cómo preservar un saber artesanal transmitido de generación en generación, cómo dar valor turístico a un producto sin perder su autenticidad, y cómo lograr que ese valor se traduzca en desarrollo económico real para las comunidades productoras.
Para Colonia, el intercambio con Cotija representa la posibilidad de incorporar la experiencia mexicana en la construcción de una denominación de origen sólida y en la gestión de un pueblo que ya transformó su identidad quesera en motor turístico reconocido a nivel nacional. Para Cotija, conocer el modelo asociativo uruguayo, con una ruta consolidada que combina productores grandes y pequeños en un mismo circuito, puede aportar herramientas de gestión colaborativa que fortalezcan aún más su propia propuesta.
El queso como motor de un turismo distinto
Este tipo de iniciativas confirma algo que el turismo gastronómico viene demostrando en distintas partes del mundo: los productos con identidad territorial fuerte, ya sea un queso, un vino o un aceite, tienen la capacidad de generar experiencias que van mucho más allá de la degustación. Activan economías locales, ponen en valor el trabajo de productores que muchas veces quedan invisibilizados, y le dan a un destino un relato propio que no se puede copiar en ningún otro lugar del mundo.
“Rutas del Queso de Colonia y Cotija” apuesta, en definitiva, a eso: a que dos comunidades separadas por miles de kilómetros descubran que, a través de un producto tan simple y tan cargado de historia como el queso, tienen mucho más en común de lo que imaginaban.


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