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4 agosto, 2026
San Francisco, Jujuy, trekking en las yungas

San Francisco, el pueblo jujeño que esconde termas, cañones y selva virgen a un trekking de distancia

Hay pueblos que se anuncian antes de llegar, y San Francisco es uno de ellos. Entre jirones de neblina que le dan un halo casi de leyenda, este pequeño poblado selvático se asoma desde lo alto de una ladera como un mirador natural sobre las Yungas jujeñas: esa mancha verde, densa y todavía poco explorada que se despliega al oeste de los cerros multicolores de Tilcara, Purmamarca y Humahuaca. Después de una lluvia, las calles quedan en silencio y solo se escuchan los pájaros y, de tanto en tanto, el rugido lejano de los monos aulladores, los verdaderos dueños de esta selva.

Si buscas un destino de aventura que todavía no esté en la boca de todo el mundo, tomá nota: San Francisco es, probablemente, uno de los secretos mejor guardados del norte argentino.

Un hospedaje con historia, en el corazón de la selva.

Rodeado de vegetación por los cuatro costados, el Hospedaje San Francisco funciona como campamento base ideal para la aventura. Ahí recibe a cada visitante Pablo, uno de sus anfitriones, con una frase que resume todo el espíritu del lugar: estar aquí significa sumergirse por completo en la naturaleza. El sitio tiene, además, una historia que lo hace todavía más especial: la propiedad perteneció a la familia Demitropulos, inmigrantes griegos pioneros en la zona, y fue la primera casa del pueblo en tener cocina y baño propios, hasta convertirse formalmente en hospedaje en los años noventa.

Hoy conserva su estructura original de paredes de adobe y amplias galerías, pero suma habitaciones, wifi y detalles de hotelería moderna sin perder identidad. Con apenas 12 cuartos con baño privado, la propuesta apuesta a lo que realmente importa en un destino así: pocos huéspedes, atención cercana y ese asador con horno de barro en el jardín que invita, tarde o temprano, a una juntada con guitarra incluida.

Todo eso se completa con El Puesto, el restaurante del predio, donde la cocina regional se combina con propuestas gourmet gracias al creciente flujo de visitantes internacionales. Sopa de calabaza y quinua, osobuco desmechado con puré de papines y unos panes de remolacha que se ganan el título de imperdibles: la gastronomía acá no es un complemento, es parte central de la experiencia, con productores locales que aportan sus cosechas orgánicas a cada plato.

Yungas, biosfera y un parque nacional como vecino directo

San Francisco no está en ninguna parte: se ubica dentro de la Reserva de la Biosfera de las Yungas, un territorio de más de 1.300.000 hectáreas repartidas entre Salta y Jujuy que alberga tres parques y dos reservas naturales. El propio pueblo forma parte de uno de ellos, el Parque Nacional Calilegua, y su Monumento a la Pachamama —esa imponente figura femenina que derrama abundancia sobre la plaza de piedra— queda a metros del hospedaje. Pocos destinos ofrecen una inmersión semejante en la naturaleza protegida sin necesidad de trasladarse kilómetros desde el alojamiento.

Rumbo a las Termas del Jordán

La gran excursión clásica comienza a apenas 200 metros del centro del pueblo, sobre el sendero al Alto Calilegua, un camino todavía transitado por baqueanos que practican trashumancia con su ganado, una de las últimas tradiciones de este tipo que sobreviven en el país. Guiados por Lino Chily López, referente local de la zona, los visitantes recorren esta travesía de entre siete y ocho horas —apta para toda la familia entre junio y noviembre— atravesando distintas capas de la biodiversidad yungueña, desde la selva montana hasta el pedemonte más seco.

En el camino, aves, algún mono ocasional y una variedad sorprendente de hongos acompañan cada tramo, con una parada en un camping intermedio para el almuerzo. La recompensa llega tras cruzar un puente colgante: el vapor que se eleva desde grandes piletones naturales de aguas mesotermales, con temperaturas de entre 15 y 30 grados y ese color turquesa que parece pintado. El lugar recibe tanto a locales como a viajeros de Chile, Perú, Paraguay y Brasil, en jornadas donde el idioma deja de ser una barrera y el buen humor compartido termina siendo el lenguaje verdadero común.

Cañonismo, cuevas y un refugio con nombre de felino

Para quienes buscan un segundo día con más adrenalina, la propuesta se completa con una travesía de dificultad media-alta hacia la Fuente del Jaguar, el Cañón de los Loros y el Refugio del Tapir. En apenas tres horas de recorrido —cortas mucho más intensas que las del día anterior— los visitantes se calzan cascos para meterse literalmente dentro de cuevas, descienden con sogas unos tres metros hasta llegar a un espejo de agua amplio y cristalino, y luego avanzan hacia la Fuente de los Loros, un tramo más accesible ideal para viajeros de cualquier edad. El cierre llega en el Refugio del Tapir, entre cañadones de vegetación densa donde, con algo de suerte, es posible cruzarse con alguno de estos escurridizos mamíferos nocturnos.

Una joya que todavía se puede descubrir a tiempo.

Entre selva montana, termas naturales, cañonismo y una gastronomía que honra tanto la tradición como la innovación, San Francisco se perfila como uno de esos destinos que conviene conocer antes de que se vuelvan masivos. Para el viajero que busca algo genuino, lejos de los circuitos más transitados del norte argentino, esta joya jujeña entre la neblina y las Yungas está esperando.

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