Panamá empieza a consolidarse como uno de los destinos de referencia en turismo regenerativo de la región a partir de iniciativas que van más allá del simple disfrute del paisaje. En ese camino aparece el Proyecto Ecoturístico Klosay, una experiencia impulsada por la comunidad indígena Ngäbe-Buglé que combina conservación ambiental, identidad cultural y desarrollo local en un mismo modelo de gestión.
Ubicada en la comarca Ngäbe-Buglé, entre las provincias de Chiriquí y Bocas del Toro, la Cascada Klosay se transformó en un atractivo que resume buena parte de las nuevas tendencias del turismo internacional: contacto directo con la naturaleza, participación comunitaria y una mirada más consciente sobre el impacto que dejan los viajes en los territorios visitados.
Lejos de una propuesta turística tradicional, Klosay ofrece una experiencia gestionada íntegramente por miembros de la comunidad, lo que permite que los beneficios económicos permanezcan dentro del territorio y fortalezcan la economía local. Ese esquema convierte al destino en un ejemplo concreto de cómo el turismo puede convertirse en una herramienta de desarrollo sin perder de vista la preservación ambiental y cultural.
La experiencia incluye caminatas guiadas por senderos selváticos, observación de flora y fauna, recorridos vinculados al conocimiento de plantas medicinales y encuentros culturales con integrantes de la comunidad. Cada actividad está pensada no solo para mostrar un entorno natural privilegiado, sino también para acercar al visitante a la cosmovisión y a los saberes ancestrales de la población local.
El valor del proyecto no está únicamente en su belleza escénica. Su diferencial está en el modo en que integra a la comunidad indígena como protagonista del proceso turístico, con un rol activo en la administración, la interpretación del territorio y las acciones de conservación. La protección del ecosistema, en este caso, no aparece como un complemento, sino como la base misma de la propuesta.
El acompañamiento de la Autoridad de Turismo de Panamá también resulta clave para fortalecer este tipo de iniciativas, que forman parte de una estrategia más amplia orientada a diversificar la oferta del país y promover formas de turismo comunitario con mayor impacto positivo. En ese marco, Klosay se presenta como un caso testigo de una transformación que empieza a ganar visibilidad en la región.
El turismo regenerativo propone ir un paso más allá de la sostenibilidad: no se trata solo de reducir impactos negativos, sino de generar beneficios concretos para el ambiente y las personas que habitan el destino. Bajo esa lógica, la experiencia panameña plantea un modelo donde el visitante no solo consume un producto turístico, sino que participa de un circuito que ayuda a preservar el entorno y a sostener la vida comunitaria.
Para la comunidad Ngäbe-Buglé, el proyecto también representa una forma de poner en valor conocimientos que se transmiten de generación en generación. El cuidado del territorio, el vínculo con la selva y la lectura del entorno forman parte de una identidad cultural que encuentra en el turismo una vía para proyectarse sin perder autenticidad.
En un escenario global donde crece el interés por experiencias auténticas, responsables y conectadas con las comunidades anfitrionas, propuestas como Klosay comienzan a captar cada vez más atención. También entre viajeros de mercados como el argentino, donde existe una demanda creciente por destinos que combinan naturaleza, sentido de pertenencia y compromiso ambiental.
Panamá, conocida por sus playas, selvas y áreas protegidas, amplía así su posicionamiento con una oferta turística que busca responder a los nuevos hábitos de viaje. El Proyecto Ecoturístico Klosay se inscribe en esa evolución y muestra cómo la actividad turística puede transformarse en una aliada del desarrollo local cuando la comunidad participa desde el origen del proyecto.
Más que una excursión, Klosay propone una experiencia de conexión. Una invitación a recorrer, aprender y compartir desde otra mirada, en un destino donde la naturaleza, la cultura y la conservación no compiten entre sí, sino que se potencian mutuamente.

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