Con agua cristalina, arena fina y senderos entre molles y espinillos, este pueblo del sur de Punilla es una de las escapadas más fáciles desde la ciudad de Córdoba. Pero la “playa secreta” tiene reglas estrictas y un detalle que casi no se cuenta: el río que se disfruta acá también es agua potable para media región.
Hay destinos que no necesitan vender nada. Cuesta Blanca queda a 46 kilómetros de la capital cordobesa y a unos 14 de Villa Carlos Paz, en el sur del Valle de Punilla, a 899 metros sobre el nivel del mar. Está en la Reserva Hídrica Provincial Los Gigantes, la atraviesa el río San Antonio y tiene 16 bajadas señalizadas para meterse al agua. Cuesta creer que sea tan sencillo llegar.
Un río con 16 puertas de entrada
Lo primero que se nota es el agua: clara, fría y tranquila, entre peñascos de granito y playas de arena fina. Las 16 bajadas están marcadas y mantenidas a lo largo de la costa, así que cada visitante puede elegir entre un sector más familiar o uno más recogido.
El punto más concurrido es El Diquecito. Ahí el río se encajona entre piedras y una construcción antigua, y el agua cae en pequeñas cascadas que forman piletones naturales. Es el lugar al que van quienes buscan refrescarse sin caminar demasiado.
La Playita de los Hippies
La joya del lugar es una playa escondida sobre el río San Antonio, de arena fina y aguas claras. Para llegar hay que entrar por El Diquecito y subir por un sendero que trepa la ladera de un cerro. La caminata lleva unos 20 minutos, con una vista panorámica del río antes de bajar. También se llega en bote, para quien prefiere evitar la subida.
Acá vienen las reglas, y conviene tomarlas en serio. La comuna declaró la playa área natural protegida intangible. No se puede acampar, hacer fuego, poner música ni dejar residuos, y solo se visita durante el día. Quien llega a la Playita con parlante y conservadora se equivoca de lugar.
Más para hacer que mojarse los pies
Cuesta Blanca da para más de una tarde. En los alrededores hay trekking por senderos de montaña, con el cerro Pan de Azúcar como referencia, y tres paradas muy buscadas: las Tres Cascadas, el arroyo San Pablo y la Laguna Negra, que sirven a los observadores de aves y a quienes caminan con la cámara en la mano. El bosque nativo es parte del paisaje: molles, espinillos, pasionarias y tabaquillos. Hay pesca de truchas y hasta un criadero de langostas australianas.
Cómo llegar y dónde quedarse
Desde la ciudad de Córdoba se toma la avenida Fuerza Aérea, que sigue como autopista de la Ruta Nacional 20, y después la Ruta Provincial 14 hasta la localidad. Algunas guías marcan 46 kilómetros y otras un poco más, según el itinerario, pero en cualquier caso se llega en alrededor de una hora. Desde Villa Carlos Paz son 15 o 20 minutos hacia Cabalango.
Para quedarse hay cabañas, posadas y un camping comunal con sanitarios, asadores y servicios básicos. La comuna pide usar solo los espacios habilitados.
Lo que no se cuenta tanto: el agua que se toma
Lo más interesante de Cuesta Blanca es su rol como cuenca. Según documentos de planificación, el río San Antonio abastece al 97% de Villa Carlos Paz y a las localidades del sur de Punilla, como San Antonio de Arredondo, Mayu Sumaj, Icho Cruz y Tala Huasi, y después desemboca en el dique San Roque. En otras palabras: el agua cristalina que invita a bañarse es la misma que llega a la canilla de mucha gente.
Esto explica por qué la comuna es tan estricta, y por qué trabaja en restaurar el bosque nativo. También explica algo que el marketing de “playa escondida” suele olvidar. Un lugar con unos 500 habitantes estables no está pensado para recibir multitudes sin límite. La comuna ya había prohibido la música alta para frenar los excesos, y cada fin de semana largo pone a prueba esa decisión.
Quien llegue en verano debería tener en cuenta además que los pronósticos para esta temporada marcan lluvias por encima de lo normal en Córdoba. En un río serrano, las crecidas repentinas pueden aparecer aunque no llueva donde uno está, porque el agua viene de más arriba. Conviene mirar el pronóstico, no quedarse en el cauce cuando hay tormenta y salir apenas el río cambie de color o de ruido.
Un plan que funciona
La mejor forma de conocer Cuesta Blanca es ir un día de semana, llegar temprano, caminar hasta la Playita y volver antes de que el calor y las visitas aprieten. Es un destino para los que disfrutan de lo simple y respetan lo que ven.
