El cierre temporal del Aeropuerto Internacional Jorge Newbery por obras de mantenimiento en su pista principal, entre la mañana del martes 25 y la tarde del jueves 27 de agosto, terminó destapando una crisis operativa que ya está bajo la lupa de las autoridades aeronáuticas. La Administración Nacional de Aviación Civil (ANAC) inició una investigación sobre JetSmart tras la cancelación de casi 90 vuelos durante esos tres días, una contingencia que afectó a más de 15.000 pasajeros en plena temporada de viajes.
El foco de la investigación no pasa tanto por el cierre de Aeroparque en sí —una circunstancia conocida de antemano por todas las aerolíneas que operan en la plaza porteña—, sino por la manera en que JetSmart resolvió, o no resolvió, la reprogramación de sus vuelos hacia Ezeiza durante esos días.
Un problema de rampa, no de pistas
Según pudo reconstruirse a partir de fuentes del sector, la explicación oficial que dio la aerolínea de ultra bajo costo a sus pasajeros apuntó al cierre de Aeroparque y a la supuesta indisponibilidad de servicios en Ezeiza. Sin embargo, los datos operativos cuentan una historia distinta: el Aeropuerto Internacional Ministro Pistarini absorbió sin mayores inconvenientes un incremento de aproximadamente el 80% en su operatoria habitual, con cerca de 940 operaciones totales durante el período, lo que descarta que la limitación haya sido de capacidad aeroportuaria.
El verdadero cuello de botella estuvo en la asistencia de rampa, es decir, en los servicios de handling necesarios para operar cada vuelo en tierra. Intercargo, la empresa estatal que presta ese servicio, había comunicado semanas antes del cierre que contaba con capacidad para atender 74 vuelos de JetSmart, de los cuales la aerolínea confirmó finalmente apenas 66. Desde la compañía de servicios aeroportuarios sostienen que cualquier cancelación por fuera de ese esquema correspondió a una decisión propia de JetSmart, y no a una limitación de la empresa estatal.
La low cost pidió cotización, pero no contrató el refuerzo
El dato más sensible de todo el episodio tiene que ver con lo que JetSmart decidió no hacer. Al advertir que Intercargo no podía cubrir la totalidad de su programación, la aerolínea solicitó cotización a prestadores alternativos de asistencia en tierra, entre ellos Aerolíneas Argentinas y Flybondi, ambas con respuesta favorable para brindar el servicio adicional. Sin embargo, la casa matriz de la compañía en Chile optó finalmente por no afrontar ese costo extra, una decisión comercial que terminó derivando en la cancelación masiva de vuelos.
La ANAC exige explicaciones y abre un expediente
Ante este escenario, la ANAC solicitó a JetSmart información detallada sobre cómo garantizaría el cumplimiento de los derechos de los pasajeros establecidos por la normativa vigente. Al no recibir esa información dentro del plazo previsto, el organismo inició el procedimiento administrativo correspondiente, que podría derivar en una sanción económica para la aerolínea, además de los reclamos individuales que puedan presentar los pasajeros afectados por las cancelaciones.
La Resolución ANAC 329/2020 es clara respecto a las obligaciones de las aerolíneas en estos casos: toda cancelación con menos de siete días de anticipación obliga a la compañía a reencaminar al pasajero hacia su destino final, incluso a través de otra aerolínea y a su propio cargo. El incumplimiento de esta obligación es, precisamente, uno de los puntos que motivan buena parte de los reclamos que los propios pasajeros vienen presentando ante los organismos de defensa del consumidor.
Un antecedente que preocupa al sector
Este episodio se suma a un historial reciente de conflictos operativos que involucran a JetSmart en el mercado argentino, desde cancelaciones masivas durante paros gremiales hasta reclamos individuales de pasajeros por reprogramaciones tardías y gastos no reconocidos. Para una aerolínea de bajo costo, cuyo modelo de negocio depende en gran medida de sostener tarifas competitivas y una operación ajustada, este tipo de episodios representa un riesgo doble: el impacto reputacional frente al pasajero y la exposición regulatoria frente a un organismo de control que, en este caso, decidió no dejar pasar la situación sin antes pedir explicaciones formales.
Qué significa esto para el pasajero y para la conectividad del país
Más allá de la disputa puntual entre JetSmart e Intercargo, el episodio deja una lectura de fondo sobre la fragilidad operativa del sistema aeroportuario argentino frente a eventos previsibles, como el cierre programado de una pista para mantenimiento. Cuando una aerolínea no dimensiona correctamente su capacidad de contingencia, el costo termina recayendo sobre miles de pasajeros que ven alterados sus planes de viaje, muchas veces sin la compensación que la normativa vigente establece.
Para el sector turístico, que depende de una conectividad aérea confiable para sostener el flujo de visitantes hacia los distintos destinos del país, este tipo de episodios funciona como una señal de alerta: la eficiencia operativa de las aerolíneas de bajo costo, motor clave del crecimiento del turismo aéreo interno en los últimos años, necesita ir de la mano de una planificación de contingencia que hoy, al menos en este caso puntual, pareció quedar corta.


Más Historias
Panamá le saca el trono aéreo a Buenos Aires: así se redibuja el mapa de la conectividad en América Latina
Volar también puede ser parte del viaje: así evoluciona el lujo en las cabinas premium de las grandes aerolíneas
Salta despega con una nueva terminal aérea: más conectividad, turismo e inversiones para transformar el Norte argentino